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Ponla a sudar

Ponla a sudar
"Por vez primera podía ver a una mujer ejercitarse sin que fuera tomado con morbosidad".
FOTO:Archivo Men`s Health
POR: Jason Feifer
FECHA:2012-12-21
La manera en que una pareja trabajó en equipo con el objetivo de ponerse en forma con el mejor motivador que existe: su boda.

La primera vez que entré a un gimnasio tenía 24 años y era esquelético. El tipo cuadrado frente al escritorio dijo que todos los integrantes nuevos recibían una camiseta de regalo; cuando me preguntó por mi talla, le dije que necesitaba una chica, él me respondió que solo tenía grandes y que la llenaría una vez que empezara a levantar pesas.

Difícilmente, duré ocho meses. Pero luego de eso le propuse matrimonio a Jen, una ex corredora y entusiasta del yoga que abandonó esas búsquedas para asentarse conmigo. Con la boda muy cerca, la amenaza de hacer el ridículo se veía a la distancia. Si no nos poníamos en forma y afilábamos nuestros cuerpos blandos, reuniríamos a nuestros seres queridos para que admiraran nuestras "miserias". Así que hicimos un acuerdo, abrimos un espacio en nuestras agendas para ir juntos al gimnasio y la culpa caería sobre aquel que se rindiera.

Y estábamos en el buen camino: unos investigadores de la Universidad de Santa Clara, en Estados Unidos, reportan que la gente que se siente cómoda con el compañero con que entrena tiende a ser más feliz y tiene más energía que aquella que entrena sola. Nuestro entrenador y especialista certificado de fuerza y acondicionamiento, Derek Peruo, del Peak Performance, en Manhattan, lo ve todo el tiempo. "Al trabajar en pareja puedes enfrentar el reto con un refuerzo positivo". Para ello, creó un programa total para cuerpo y nos envió al gimnasio más cercano para que lo trabajáramos. Teníamos la oportunidad de volvernos una pareja más fuerte y en mejor condición... o no. Aquí te decimos cómo lograrlo.

 

Secreto #1 Haz todo mejor

Hasta que volví a uno, después de muchos años, pude recordar lo que más odiaba del gimnasio: a las demás personas. Siempre he sentido que se burlan de la pequeña pila de pesas que puedo levantar. Sin embargo, logré bloquearlos de mi mente enfocándome en las instrucciones de Peruo.

Jen y yo comenzamos emparejando nuestro paso como si hiciéramos nado sincronizado. Al poco tiempo, empecé a sentir una sorprendente calma dentro de mí: cuando nos movíamos juntos para hacer un ejercicio, parecía completamente natural. Le di un vistazo a la habitación y noté a todos de una manera diferente. Nos volteaban a ver, sí, pero sus ojos no tenían nada anormal esta vez. Y muchos de ellos se veían cansados. No eran ratas de gimnasio. Eran gente normal con resoluciones saludables. Eran otras versiones de nosotros mismos. Lo único que cambió fue nuestra confianza.

Una vez que pasamos a los levantamientos de pesas, descubrimos que era mejor que abandonáramos nuestra sincronía. El plan de Peruo combinaba pares de ejercicios en una superserie. Lagartijas con sentadillas abiertas o alzamientos con remo invertido, por ejemplo. Cada movimiento del par se enfocaba en un grupo distinto de músculos. "Mientras un grupo trabaja, otro se recupera", dice Peruo. Esta estrategia, no solo logró que nuestros ejercicios fueran aerodinámicos. Además, nos ayudó a evitar uno de los problemas más molestos del gimnasio: que alguien se siente en tu aparato mientras tú tomas un respiro. Al entrenar en pareja fuimos dueños del lugar.

 

Secreto #2 Deja que ella dirija

Los entrenamientos de potencia se sienten como un reto y eso es lo que me mantiene realmente interesado. Pero ¿estiramientos? Es lento y aburrido y no siento que esté logrando nada. Mi objetivo era saltármelos por completo siempre. Pero a Jen le encantan los estiramientos, o al menos la versión antigua de ellos: ella rápidamente desechó el plan de Peruo y lo sustituyó por su antigua rutina de yoga. Y, como acordamos hacer todo juntos, no podía dejarla "saludando al sol" mientras yo levantaba pesas. Así que me le pegué y empecé con el yoga.

De acuerdo con el entrenador Derek Peruo, realizar ese entrenamiento literalmente salvó mi espalda. Un calentamiento dinámico prepara tu cuerpo para casi cualquier acción que sigue. Extiende tu rango de movimiento y sistema nervioso e impulsa el flujo de sangre, mejorando tu desempeño y reduciendo el riesgo de sufrir una lesión. Yo traté cada estiramiento como un reto porque ese elemento fue lo que me gustó más de los levantamientos. Si un estiramiento me dolía, lo tomaba con calma y veía las mejoras en cuestión de días. También comencé a utilizar un rollo de hule espuma en los puntos particularmente rígidos, como las bandas iliotibiales (que son un grupo de fibras que corren en la parte externa de cada muslo estabilizando caderas y rodillas). Logró maravillas, pero se sintió como si recibiera un golpe de karate directo en el hueso. "Usar el rollo de hule espuma rompe el tejido cicatricial que es un resultado lógico de los levantamientos de pesas", explica Peruo. Mientras más hagas, más incrementarás tu rango de movimiento. Tras una semana, es menos un instrumento de tortura y más una herramienta de trabajo. De hecho, usarlo se siente bien. Si Jen no hubiera practicado el yoga, yo nunca hubiera puesto fin a mi dolor de bandas iliotibiales.

 

Secreto #3 Da retroalimentación constante

Un día, Jen me vio en la mitad de una sentadilla abierta y me preguntó: "¿Lo estamos haciendo bien?". Yo me encogí de hombros. Lo habíamos hecho así durante semanas: un paso lateral seguido de un fondo.

Pero de cualquier manera lo investigué de inmediato con mi teléfono. Y, como era de esperarse, lo estábamos haciendo todo mal. El ejercicio empieza en una posición escalonada, de ahí bajas tu cuerpo hasta que la rodilla de la pierna de atrás casi toque el piso. Peruo nos enseñó cómo hacer este movimiento y casi de inmediato se nos olvidaron sus instrucciones. Era un recordatorio del peligro de los entrenamientos en pareja: Puedes ser la cámara de resonancia de los errores de tu pareja. Por ello, siempre vale la pena que se observen uno al otro detenidamente. Peruo recomienda que siempre tengamos un ojo en el compañero y que, si tienes dudas acerca de su técnica, le preguntes a algún profesional.

"La retroalimentación verbal es genial ("¡Muy bien!", "¡Endereza la espalda!"); pero también es necesario que en ocasiones sea física", Peruo nos dijo cuando le conté del fiasco con la sentadilla abierta. Él me dio una palmada entre los omoplatos. "Yo pongo aquí mi dedo para hacer que alguien mueva los omoplatos hacia atrás". Luego me dio una palmada en la parte alta del abdomen: "O hago así para recordarte que debes tensionar el abdomen", nos explicó.

Aún más valioso: dale a tu compañero un trabajo de retroalimentación. Peruo dijo que me costaba trabajo mantener las rodillas en su lugar cuando hacía las sentadillas laterales, así que le pedí a Jen que me ayudara a corregirlo.

"Esto es como terapia de pareja con descuento", dice Jen. "Mi meta es decirle cuando está mal en algo". Nunca has podido encontrar una futura esposa tan contenta.

 

Secreto #4 Ayúdense a llevar un ritmo

Peruo estableció periodos de descanso para nuestro programa: regularmente 60 segundos entre series. Pero, como la mayoría de los hombres, yo soy muy impaciente: quería hacer cada ejercicio con fuerza y pasar al siguiente. De acuerdo con Peruo, era una mala idea: "El descanso es el héroe no reconocido. Puedes obtener ganancias importantes y ver buenos resultados si colocas los descansos en el lugar correcto". Si te lo saltas o lo recortas, puedes fatigarte al grado de que perderías la manera correcta de hacer tus ejercicios, quedando propenso a sufrir una fuerte lesión. Si te acostumbras a entrenar muy duro, puedes sucumbir ante el síndrome del entrenamiento excesivo, también conocido como "Meseta", en el que las ganancias disminuyen y el cansancio es crónico. Jen fue mucho más responsable. Así que Peruo me dijo que siguiera su ejemplo: "Mientras ella trabaja, tú observa y después cambien roles". El resultado fue un periodo de descanso perfectamente programado. Muy pronto me di cuenta de un beneficio no planeado: por vez primera podía ver a una mujer ejercitarse sin que fuera tomado con morbosidad. Confía en mí, eso te va a mantener muy ocupado por 60 segundos.

Una mañana, aproximadamente al mes de haber comenzado nuestro programa, me cepillé los dientes sin camisa, mientras que Jen se acomodaba bajo las sábanas. El plan era salir para el gimnasio 10 minutos después. "Guau. Ya tienes músculos", dijo Jen. "¿En verdad?", contesté mientras revisaba mis nuevos brazos. "Me gustan", dijo. "Hey, ¿en verdad quieres ir al gimnasio hoy? ¿O prefieres que nos quedemos en casa a ver televisión?". Sus intenciones eran claras: ese día el cardio lo haríamos en casa. A veces está bien saltarse el gimnasio.

Mientras más tiempo nos apegamos al programa de entrenamiento mayor sería el beneficio obtenido. Así que tres meses después llegó el día de nuestra boda. La primera vez que vi a Jen en su vestido fue cuando me tomó del brazo. Los fotógrafos nos retrataron. La confianza que ella sentía en sí misma estaba impulsada por una figura fuerte y esbelta que quedaba reflejada en su amplia sonrisa. Cuando llegamos a la pista de baile nos movimos como locos. Yo no tengo mucho ritmo; sin embargo, aguanté bailando más tiempo que mis familiares y amigos. Y, gracias a eso, valió la pena cada estiramiento, levantamiento y todos los minutos invertidos en el gimnasio.

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