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A repartir latigazos

POR: Gil Schwartz y Francisco López
FECHA:2012-02-03
La vida es extraña, particularmente cuando comienzas un nuevo trabajo. Empiezas con la mentalidad de ser el mejor empleado.

La vida es extraña, particularmente cuando comienzas un nuevo trabajo. Empiezas con la mentalidad de ser el mejor empleado. Y con todo tu esfuerzo consigues serlo. A veces, en la empresa te dan un trabajo para el cual no tienes toda la experiencia. Primero, siendo un trabajador con pocas responsabilidades, y después, un candidato a ser de un jefe, y a veces, uno de los grandes. Lo malo es que las cualidades como la paciencia, el entendimiento, la autosuficiencia y tu sentido democrático han hecho que no seas más efectivo que el irritable y obsesivo jefe que estaba en la misma área. No obstante intentas ser una buena persona, y todavía ser un jefe acorde con tus ideas y a lo que te hubiera gustado de un jefe arriba de ti en el organigrama. Esto no es fácil y menos si no has tenido la experiencia suficiente en estos menesteres. De cualquier manera hay que saber que existe un grupo de los individuos que estiran sus capacidades directivas al límite. La buena noticia es que hay una estrategia específica para tratar a cada uno de tus subordinados para que el trabajo pueda realizarse de mejor manera. Ahora conoce a los tipos que están en tu equipo y aprende cuál es la mejor forma de tratarlos para que el rendimiento sea mejor:

 

El ambicioso con ego

Al principio se ruboriza, piensas que va a ser muy activo y valioso. Al final se empieza a convertir en un dolor de cabeza. Todo esto debido a que el sólo piensa en él. La esencia de cualquier relación de trabajo entre el jefe y sus subordinados es que el jefe piense y esté convencido de que su colaborador trabaje, tenga la convicción de trabajar a su favor, no a los intereses de él mismo. Trabajar con alguien que tiene en la mira la oficina del jefe, su escritorio y su portafolio de piel no es buena idea. Trabajó duro para remplazarte, y después, no sólo a ti sino a tu propio jefe y al jefe de tu jefe. Algo egoísta, pero sólo algo.

La estrategia: Mantén un contacto cercano. Revisa las copias que hace de sus mensajes electrónicos. Cuando veas que está saliéndose de las líneas que has trazado, recuérdale con una palmada en la espalda que hay que trabajar para los objetivos de la empresa. Cuando quiera más dinero hazlo esperar. Invítalo sólo al 50% de las juntas importantes.

 

El patea traseros

Su oficina es igual a la de todos. Sus hábitos del trabajo no son de manera alguna cuestionables. Consiguió un sueldo decente, su salud es buena y su pelo aún es abundante. Pero(aquí esta el pero) se la pasa quejándose todo el tiempo. Sale puntualmente a las 6 de la tarde, pero trabaja duro. Le dices frecuentemente cómo debe hacerse el trabajo pero no lo capta. Casi siempre quiere hacerlo de diferente manera y quiere más de todo: más salario, otra oficina, más prestaciones, y si no las consigue, está molestando todo el tiempo.

La estrategia: Lo mejor es la separación emocional para poder apreciar su trabajo sin que te enojes. En otras palabras, ubica entre ti y él a un encargado que revise y dirija su trabajo.

 

El lamebotas

Existen muchas palabras y expresiones para definir a este individuo, el lame-suelas, el besatraseros, el barbero, entre otras. Claro que sabes a qué nos referimos, porque en algún momento hemos caído en esto, ¿o no? No importa si fue hace mucho tiempo o si era necesario para que llegaras a donde estás, o si tan sólo fue con alguien con el que en realidad era necesario. Lo hiciste y no importa. Lo único que es peligroso es cuando él o ella están fuera de control y causa realmente náuseas, o tal vez comienza a decir mentiras para que lo tomes en cuenta o simplemente empieza a molestar a los demás igual que a ti.

La estrategia: Juega su juego por un rato. Luego puedes decirle que su juego es muy desagradable y que no necesita ser así, que su trabajo puede ser su mejor carta de presentación.

 

El espía corporativo

Este individuo negocia con secretos. Puede ayudarte a conseguir información y después venderá datos tuyos a alguien más. Toma material confidencial y lo pone en medio para cumplir su propósito. Es aquí donde te puedes preguntar si puedes confiar en un empelado así. Esto depende.

La estrategia: Tal vez la única solución para un espía es que nos acordemos de alguna película de mafiosos, o sea, volarle los sesos (laboralmente hablando) y contratar a alguien más. En lugar de esto, puedes emplearlo con ventaja hacia ti. Dale un dato erróneo que provoque una tremenda confusión. Mi amigo Marcos tenía uno de estos tipos que trabajaba hacía un año con él. El agente secreto pasaba las observaciones de Marcos al mejor postor, esto fue algo que le hizo tomar una decisión. En lugar de congelarlo y triturar sus huesos con una aplanadora, mi amigo comenzó a emitir una serie de comentarios que en realidad al único que podrían afectar era al espía. Después de un rato los rumores de que eran falsas sus informaciones hicieron que el hombre se fuera moviendo a la línea del trabajo.

 

El ratón

Es tímido. Necesita que tú se lo digas para poder descansar un rato. El problema aquí no es tanto su trabajo, pero necesita la dirección. No puede hacerse responsable de nada o por lo menos lo duda muchísimo. Si no estás tú, no puede ponerse en sus hombros nada pesado, se sentará en un esquina y se congelará esperando instrucciones. Está a merced de cualquiera, sobre todo de los gatos.

La estrategia: Los ratones se hacen, no nacen. En cierto momento de su temprana carrera, este ratón asustado tenía el valor de su entrenador; tu tarea será que recupere esa confianza. Comienza poco a poco autorizándolo para hacer ciertas cosas sin pedir permiso. Después de un tiempo, comenzará a pensar por sí solo. Entonces, puedes incorporarlo a otras responsabilidades más importantes. En ese punto, dale una línea de trabajo en la que se pueda apoyar sin perder la confianza que has depositado en él. Si es inteligente y talentoso poco a poco saldrá de su hoyo y empezará a usar mejor ropa y tener más confianza en sí mismo. Si no es lo suficiente y no puede hacer su trabajo por él mismo, ¿qué diablos está haciendo en tu equipo?

 

El consejero

Siempre tiene un consejo o un comentario pseudointeligente acerca algo. También tiene preguntas que no están muy a tono con lo problemas más importantes, o bien, simplemente le gusta especular. Es de los que se asoman a tu oficina con grandes ideas, pero no para mejorar la eficiencia en el trabajo, sino para organizar un equipo de fútbol, o para lo que sea, siempre y cuando sea intrascendente. Además, muchas de sus inquietudes son paranoicas y pueden afectar a tu equipo de trabajo.

La estrategia: Trata de transferirlo a otro departamento. Si no puedes, colócalo en el extremo de la oficina y dale mucho trabajo con el que se demore bastante y tenga que entregar pronto. La paranoia de este elemento es comunicable y puede desembocar en un chisme, así que es importante que lo mantengas ocupado. Recuerda: él realmente quiere ayudar con la información que está manejando.

 

La gatita sexy

La conoces muy bien. Como todos los grandes operadores, ella utiliza cada arma en su arsenal para conseguir lo que desea. Desafortunadamente para ti, eso incluye su cuerpo encantador, que no puedes imaginar cómo se vería mojado, desnudo, y posiblemente dando vueltas por alguna superficie suave. Ella conoce tus pensamientos. Tú sabes que ella lo sabe. Ella sabe que tú sabes que ella sabe.

La estrategia: No tenemos que decirte lo que pasará. Juega ese agradable juego con ella, pero no te ensucies. Mantén siempre la puerta abierta de la oficina cuando estés con ella, y recuerda, cualquier cosa que hagas puede ser usado en tu contra, sobre todo en la corte.

 

El oportunista

Mira inocente y está impaciente de conocer algo de tu experiencia. Se viste como tú. Es muy respetuoso en privado y con la muchedumbre, siempre es un soldado leal. Los años van pasando. Entonces, un día te das cuenta que tiene tantos amigos o más en la gerencia que tú. La gente lo tiene en buen concepto, y a ti te ven un poco raro. Tu teléfono ya no suena. Él comienza a enviar memorandums "olvidando" darte una copia. Tú hiciste de él lo que es, y ahora ya no te necesita. Se ha convertido en ti, y te quiere despedir.

La estrategia: ¿No te hablan de otras empresas buscando a alguien calificado para una posición un poco menor que la tuya todas las semanas? Listo. Acabas de cambiar una amenaza en un recomendado.

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