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Aprende a volar

Aprende a volar
"Nada es como debería ser, y todos lo saben. Eres el tipo que siempre está de traje, o casi nunca..."
FOTO:Cortesía
POR: Gil Schwartz
FECHA:2012-04-24
Cómo hacer viajes de negocios sin arruinar tu carrera, tu matrimonio o tu salud. Ocho reglas capitales que debes tomar en cuenta.

Deja de hacer lo que estás haciendo. Lo estás haciendo mal. Estás bebiendo cuando deberías estar pensando y estás pensando cuando deberías estar bebiendo. Estás durmiendo la siesta cuando deberías estar trabajando. Estás pagando cuentas equivocadas. Te estás desnudando con las colegas equivocadas. O te desnudas con las colegas adecuadas en lugares inapropiados. En fin, necesitas ayuda.

Te tengo buenas noticias. Estoy aquí para sacarte del apuro. Meter la pata sin salir de viaje es una cosa; siempre puedes regresar a la oficina, al cubículo o al clóset de las escobas y comportarte como si nada hubiera sucedido. Cuando estás de viaje, eso es imposible. Nada es como debería ser, y todos lo saben. Eres el tipo que siempre está de traje, o casi nunca. No te has rasurado, el pelo no se acomoda de ninguna manera.

No te quejes. Existen reglas útiles que, si se siguen al pie de la letra, te pueden ayudar a salvar lo que queda del pan, antes de que se ponga tan duro que haya que tirarlo a la basura... y a ti con él. Son ocho. Aquí las tienes.

 

1. Organiza trabajos importantes

Comienza reservando varios negocios críticos que tengan absolutamente que llevarse a cabo, o de lo contrario, el mundo se convertiría en pequeñas bolas de cebo que se derriten en el infierno. Y esto puede ser algo difícil, porque la gente en otros lugares viven sus vidas muy tranquilamente sin necesidad de que tú aparezcas. Ya sean colegas o posibles compradores, homólogos o competidores, ninguno te necesita. Tú sí los necesitas a ellos, porque quieres salir de atrás de ese escritorio y anotarte algunos triunfos.

Hay algunos encuentros que sería ventajosos concertar: una reunión estratégica con un poderoso gerente que necesita conocerte mejor; una presentación práctica para el director del departamento de mercadeo o relaciones públicas, acerca de lo que has realizado en tu campo y lo que puedes hacer por ellos; una taza de café con el gerente de un planta de producción, concentrándote en lo que puedes hacer por ellos; un análisis de las operaciones de un sitio que podría necesitar tu supervisión. Enfócate en lo que pueden ganar ellos si te contratan. ¿Entendiste? Estás de viaje porque tienes algo importante que ofrecerle a alguien, y tienes que salir a llevar a cabo ese trabajo. Ya estés ofreciendo algo material o una manera de reducir el personal, tienes que viajar, porque eso es lo que hacen los tipos duros cuando el trabajo se pone aburrido.

Finalmente: No trates de abarcar demasiadas cosas es muy poco tiempo. Eres simplemente un hombre ocupado. No una mula de carga ni un esclavo. Eres un personaje importante, y necesitas espacio para desenvolverte. Esto significa salir de viaje por un tiempo suficiente para (1) hacer lo que tienes que hacer, (2) divertirte y (3) desaparecer por un tiempo. Un buen viaje siempre incluye tiempo de relajación, y te permite recordar cómo eran las cosas antes de que te convirtieras en el hombre que la gente cree ahora que eres.

 

2. Determina el resultado con antelación

La regla clave en toda vida ejecutiva es muy simple: cero sorpresas. En particular, uno no quiere sorpresas cuando está de viaje; cuando las cosas deben fluir con tanta suavidad como una creme brúlee. Esto significa saber exactamente de qué trata cada reunión y, hasta cierto punto, decidir cómo va a terminar cada una. Los abogados lo hacen constantemente: formulan preguntas cuyas repuestas ya conocen. Tú puedes hacer lo mismo, porque lo más probable es que seas más inteligente que todos los abogados que he conocido en mi vida.

Puedes preguntarte: "Caramba, si ya sé cuál es el acuerdo en todo lo que planeo hacer, ¿para qué tengo que viajar tan lejos? ¡Buena pregunta! La respuesta es... Porque los hombres importantes se pasan la vida viajando, y si no tienes una razón para viajar, entonces no eres un tipo importante.

 

3. Lleva el equipaje adecuado

Yo soy un viajero y he hecho muchas escalas por todo este mundo. Y todavía no he conseguido la combinación perfecta de equipaje de mano. Eso ha convertido mi vida en una absoluta tortura. Una vez compré un lindo maletín con ruedas en Brookstone, en el aeropuerto JFK, porque el vendedor me aseguró que cabría perfectamente en el compartimiento encima de los asientos. Y aunque era muy bonito, no cabía en el compartimiento. Por suerte, iba a volar en primera clase ese día e hicieron los ajustes necesarios para acomodarme, llegando al extremo de asesinar a un ejecutivo gordo en el asiento vecino y arrojar su cadáver del avión.

Ultimamente he optado por el tipo de bolso que se dobla, con muchos bolsillos y una correa para llevar al hombro. Esos bolsos son masculinos: les cabe un traje, corbatas y otra ropa formal, así como un suministro adecuado de ropa interior y medias. El problema es siempre con los zapatos. Por lo general no puedes usar más de un par, de manera que el equipaje debe tener espacio para unos tenis porque vas a viajar con los zapatos de negocio. No debes llevar dos pares de zapatos de negocios, porque eso hará tu maleta tan pesada que tendrás que facturarla y los viajeros de verdad no facturan su equipaje.

Perdona si soy tan radical, pero es así. Hace unos años, cuando yo todavía facturaba, me encontré con un deportista famoso, y me miró como si yo tuviera puesto un tutú dorado cuando le dije que tenía que esperar para recoger mi valija. "¿La facturaste?", me dijo estupefacto, y vi en sus ojos como se desvanecía todo rastro de respeto hacia mí.

Ve ligero de equipaje. ¿Cuatro días de viaje? Ponte pantalones y saco deportivo en el avión. Lleva cinco pares de medias, ropa interior, corbatas y un traje que combine con los colores que estés usando. Si necesitas algo más, cómpralo donde estés. Cuando vayas a abordar, guarda tu laptop y tu periódico en un bolsillo lateral del maletín. No necesitas uno de esos enormes portafolios que se llevan al hombro y parecen gritar "tipo raro" a los cuatro vientos.

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