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La vida después del despido

La vida después del despido
Nunca pienses que las cosas no tienen solución.
FOTO:James Victore
POR: Porcolin McEnroe
FECHA:2012-10-22
Cuando su jefe lo llamó para la junta que cambiaría sus destino, su mundo laboral colapsó. Aprende a sobrevivir a situaciones similares.

Se supone que el 23 de diciembre trabajaría fuera de la oficina, pero mi jefe me envió un correo electrónico, en el cual me pedía ir a su oficina. "Suena como mal agüero", le respondí en otro correo, un poco en broma. No me respondió. Al llegar, me dijo: "No vamos a renovar tu contrato. El 31 de diciembre será tu último día".

Me dijo más cosas. Todo sonaba como una banda de metales que tocaba bajo el agua. Una parte de mi cerebro inmediatamente se echó un clavado a la más oscura y profunda fosa de amargura del desempleado. No más seguro de gastos médicos. No más comida sobre la mesa. Pero otra parte de mi cerebreo me decía: "Esto puede ser bueno... Puedo visitar a Fred en Japón..."

"¿Colin?", añadió. "¿Perdón?", le dije. "Te preguntaba si tenías dudas. Sé que esto es difícil de asimilar." "Sí, sí. Hay mucho que asimilar", contesté. Luego fui a casa y le conté a mi hijo, de 19 años, quien trabaja medio tiempo en una lavandería. "¿Cómo te sientes?", me preguntó. "No muy mal. Quizá me tome un poco de tiempo para encontrar un nuevo trabajo." Asintió con la cabeza. "Han llegado muchos hombres a la lavandería y nos han contado que fueron despedidos. La mayoría suenan como tú. Dicen que se sienten aliviados." Le creí. Me identifiqué con esos tipos. En un mundo más sano, todos podríamos darnos un "descanso de la vida", una pausa de la golpiza diaria, y después regresar a trabajar una década o dos más. ¿Por qué sólo los profesores y los caricaturistas son los que se toman un año sabático? Bueno, estaba listo para tomar el mío aunque no fuese por decisión propia. Pasaría seis meses poniendo mi vida en orden y explorando mis intereses. Habrá menos dinero y algunas dificultades de ingresos. Estaría bien. Descubriría de una vez por todas quién era en verdad. ¿Qué podría fallar?

 

"Date tiempo para el duelo", me dijo Carla Goldstein. Después de haber cambiado su carrera de abogada a ejecutiva en Planned Parenthood, ahora trabaja para el Omega Institute en Rhineback, Estados Unidos. La empresa proporciona talleres para personas que buscan cambios inspirados (en lugar de impuestos).

"El duelo no significa que estás abatido, pero si no lo procesas, sólo lo entierras para después", afirma. "El abono existe por algo. La belleza florece de él, pero primero debes dejarlo que se degrade."

Entonces, cuando la gente me preguntaba qué hacía mientras tanto, respondía: "Estoy abonando". Sonaba mejor que "estar deprimido". Una de las cosas de las que me percaté, mientras abonaba, es que el trabajo es como un colchón de algodón. Si despiertas cada mañana, levantas un colchón de algodón sobre tus hombros y lo mantienes ahí todos los días, después de unos meses dejarás de percibirlo como una carga. Te acostumbrarás a moverlo de un lado a otro. Los trabajos son así. Una forma de manejarlos es ignorando lo que sacan de nosotros.

Entonces, deja de cargar el colchón y vete a un lugar tranquilo. Deja que la naturaleza recargue tus baterías antes de que escribas careerbuilder.com en tu navegador. Después sigue algunos de los pasos que resumo abajo.

 

Mira el pecho de los hombres

¿Sabes qué es malo para la salud? El trabajo. Por lo regular te deja muy cansado como para hacer el mínimo de ejercicio. El desempleo, por otra parte, es excelente para tu cuerpo. Luego de que me despidieron en invierno, me fui a esquiar casi todos los días por lo menos una hora. Mejoré mi técnica. Los senos de hombre desaparecieron y fueron reemplazados por bloques de músculos. Al ver los pechos de los hombres que todavía tenían trabajo, sentí lástima por ellos.

Mi perro Malcolm me acompañó en los trayectos de esquí. Sus apodos de perro cariñoso desaparecieron y él se volvió un excelente espécimen. Tanto que le cambié el nombre a Ralph, para que reflejara su nueva complexión. Este es el tipo de cosas que puedes hacer cuando nadie te presiona para que entregues los reportes.

 

Di que sí

Cerca de mi casa hay un hermoso teatro victoriano, dedicado en 1867 por Horace Greeley. Hoy lo visito para ensayar el papel de un gerente de escenario de la obra Our Town, para una compañía de teatro.

Cuando se acercaron a mí para ver si quería el papel, sentí que inhalaba el aire necesario para decir, "no gracias". Y luego se me salió la palabra "sí", pues en ese momento no tenía que proteger mi tiempo como un guardameta cuida su portería. Puedo darme el tiempo que quiera.

Le he dicho que sí a muchas cosas últimamente. Largas conversaciones en la tarde mientras tomo té con conocidos que pueden ser amigos. Clases de ejercicios aeróbicos acuáticos, repletos de mujeres ancianas, un poco pasadas de peso pero sumamente agradables.

 

Di que no

Los trabajos son como un romance. El mostrar renuencia por lo general te hace atractivo. La desesperación ahuyenta a los prospectos. Tuve la fortuna de ser abordado por empleadores en un corto lapso. Les dije "no quiero comenzar a trabajar en por lo menos cuatro meses". Me vieron como si fuese la persona más fascinante que hayan visto en mucho tiempo.

Todo esto sucedió en medio de uno de los peores mercados laborales que han ocurrido en la historia. Puede que sea una estrategia muy peligrosa para ti. Pero entre más actúes como alguien que está en control de sí mismo, más capaz te presentarás a las personas que quieren contratarte.

Si eres persuasivamente más quisquilloso respecto al trabajo que tomarás, los empleadores comenzarán a esperar que los escojas. Es la naturaleza humana.

 

Haz algo grande

Comencé a planear un viaje a Japón para este año. Toma mucho tiempo viajar ahí, y es probable que quiera hacer una escala en la Costa oeste. ¿En qué otro momento podré hacer eso? Una vez que consiga un buen trabajo, dejaré de estar libre para hacer viajes largos.

"Es el mejor momento de tu vida", afirma Richard Preston, un diseñador de cocina que saltó del barco corporativo antes de que lo empujaran. "Me tomé una descanso de cuatro meses. Disfruté reducir mi presupuesto al mínimo. Resultó que era mucho más feliz viviendo con menos dinero."

Cuando se quedó sin dinero, Preston encontró un trabajo en una compañía muy pequeña. "No tengo arrepentimientos y tengo muchos buenos recuerdos.

Como dice el gerente de escenario, "tú sabes cómo es eso: tienes 20 o 21 años, tomas algunas decisiones importantes y de repente ya tienes 70; has sido abogado durante 50 años y esa viejita del pelo blanco ha comido su almuerzo como 50,000 veces contigo." Un despido sorpresivo pisa el freno en ese tipo de resbalones.

 

Gracias estrellas de la suerte

Regresé al viejo empleo para mi última sesión de desacoplamiento. Las personas que seguían ahí se veían amarillas y yo me estaba relajado. Recibí mi cheque de indemnización y un paquete de documentos. Ralph (antes Malcolm) solía ir conmigo al trabajo a diario, ahora se detuvo en la recepción y recibió su paquete de indemnización: una bolsa de galletas para perro.

Una vez que estaba en el estacionamiento, me fue difícil no sentirme... libre. Tenía un poco de dinero en mi bolsillo y el Sol brillaba. Todas esas cosas de trabajo, que se encontraban dentro del edificio, eran problema de alguien más.

Mientras tanto Ralph y yo nos podíamos ir a esquiar. Podía ir al cine a las 4 de la tarde si acabábamos temprano, pero primero nos teníamos que devorar un omelet hecho de huevos frescos provenientes de una granja local.

Cada vez más me doy cuenta de que ya casi no hay horas para estar despedido.

 

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