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Controla tu ira

Controla tu ira
Cuando se trata de herramientas efectivas de trabajo, la ira está justo al nivel de unas uñas limpias.
FOTO:Cortesía
POR: Gil Schwartz
FECHA:2013-01-25
Pocas cosas, como contener nuestro enojo, tienen un valor incuestionable. No refrenes tu rabia. Sácala. El experto te dice cómo.

Conforme nos acercamos hacia la madurez se nos enseñan muchas cosas. Muy pocas, como el entrenamiento para contener nuestro enojo, tienen un valor incuestionable. Es verdad que la habilidad para mantener la calma es muy importante en el mundo real. Pero cuando se trata de herramientas efectivas de trabajo, la ira está justo al nivel de unas uñas limpias. Según el tipo de enojo que demuestres, podrás marcar la diferencia. Este pensamiento me llegó hace unas semanas cuando me encontraba con Gómez. Estábamos en un retiro de algún tipo, pretendiendo que nos relajábamos. Estoy sentado con Gómez en su cuarto, que se ubica justo a un costado del hoyo 18, y es realmente hermoso. El día termina y el granizo comienza a golpear nuestra ventana. "Esto es muy agradable", dice Gómez, mientras se sienta en su cómoda silla.

 

El teléfono suena. "Tengo que llevar esto", comenta. Descuelga su teléfono y dice con facilidad. "Oye, Díaz", con tono cordial. Escucha. Me mira y hace un guiño. Luego, su cara se torna de color rojo, se jala el cuero cabelludo unos 10 centímetros hacia atrás, su boca se abre y de ella sale algo enorme, negro y lleno de veneno. Le está gritando al teléfono, su rostro completo adquiere un aspecto mortal.

 

Las palabras en sí mismas no son importantes. Lo que le está diciendo por teléfono a un tipo de Minneapolis es pura furia. Después de cinco minutos, dice un último comentario -"¿lo entiendes?"- grita, y después azota el teléfono. Hay una pequeña pausa. Toma aire y, como una mariposa que de pronto está saliendo de su capullo, me mira y un tanto tímido asegura, "eso deberá hacerle ver que tengo algo qué pensar. ¿A qué hora es la cena?". Y así nada más, vuelve a ser mi dulce compañero de trabajo. Después de una hora, las palabras regresan a nosotros y parece que el asunto se ha resuelto a nuestro favor.

 

Gómez, como uno de tantos gerentes, es un genio para las estrategias. Es capaz de usar su enojo como una efectiva y filosa arma en su intento por controlar el universo. Nada personal; sólo son negocios.

 

Ahora continuamos con el otro tipo de furia, la que ciertamente muchos provocarán en ti.

Mi amigo Martínez está sentado junto a su gerente general en algún sitio del Norte del país. Está nervioso. El presidente del consejo se muestra furioso. Sus venas se le marcan en la frente, y eso es un grave problema porque su frente va desde las cejas hasta atrás de su cuello. "Lo voy a fastidiar tanto que va a comer con un clavo", grita el presidente del consejo.

 

"Voy a demandar al hijo de...", menciona el presidente, aunque quizá no con esas palabras exactas.

 

Esto es lo que Martínez ha temido. Más demandas significan menos ingresos.

 

"No lo sé, Pablo", dice Martínez al presidente del consejo. "Puede haber otras formas de lidiar con esto".

 

"Claro, eres una nena", comenta el presidente en un tono desagradable, haciendo ver que no habrá comentarios inoportunos durante la conversación.

 

Finalmente demandaron. Y ocho millones de dólares es la tarifa legal y la circunstancia agravante después, aún están en ello. Es posible que el asunto se arregle el día que tus hijos que todavía no nacen se gradúen de la universidad. Y todo porque Pablo añadió el impuesto sobre el valor agregado y no tuvo una estrategia efectiva para contener su enojo.

 

Así que saca todo ese enojo, la emoción más poderosa del ser humano. Aquí te brindamos nueve pasos para aprovechar bien esos enfados.

 

1 Siente la rabia. Estar enojado es bueno. Te mantiene alerta, certero y motivado.

 

2 Contén tu cerebro. No permitas que tu materia gris explote a través de tus oídos. Piensa, ¡por un demonio!

 

3 Cuenta hasta 10. Es correcto. Es la táctica más antigua del mundo. La mayoría de la gente llega hasta el cuatro, después disparan todas sus armas. Pero tú no, ¿verdad?

 

4 Planea. Este es el punto en el cual ya estás escupiendo las uñas; por lo tanto, necesitas una estrategia.

 

5 Úlceras. Un coraje serio debe ser cultivado por un rato si es que va a dar frutos, en lugar de estar haciendo algo que no ayudará en nada y no tendrá serias repercusiones gastrointestinales.

 

6 Lleva las tropas. Habla con otras personas. Ellas compartirán sus frustraciones, pero si no lo hacen, podrían unirse a tu ira. Ya tienes aliados.

 

7 Replantea el plan. Enojarte te da gasolina. Necesitas pólvora para lanzar un cohete. Pero si todos tienen gas sin un mecanismo interno, entonces no tienes un cohete, sino una bomba.

 

8 Escucha a las mujeres. A veces, ellas podrían tener la razón.

 

9 Ve por los indestructibles. Con el equipo correcto de tu lado, serás invencible. E incluso si no lo eres, estarás preparado, tienes aliados y estás en ello por una buena razón.

 

Hace unas semanas me llevaron un documento importante. Cuando llegó a mi escritorio, estaba tan desordenado que no lo podía creer. Y el problema era que debía ser entregado al gerente general para cerrar el negocio. Miré ese trozo de basura y me perdí. No seguí ninguno de los nueve puntos anteriores. Sólo les llamé a las personas responsables y les pateé el trasero por tanto desorden.

 

"¡Quiero este trabajo completo en mi escritorio a las 3:30, más bien a las 2:30!" A las 2:14 los tres estaban en mi oficina, y ahí lo tenían: un documento perfecto. Todo estaba en su lugar. Nadie le escupió a mi refresco. Nadie dijo una sola palabra; todos sonrieron con falsedad y es que en realidad así es como debe ser.

 

Tengo cierto carácter y la verdad es que no siento ningún miedo de sacarlo cuando sea necesario hacerlo.

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