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El inventor de la Big Mac comió una cada semana y vivió casi 100 años

FOTO:Eric Spitznagel
POR: Eric Spitznagel /FECHA:5 de diciembre de 2016
Oda a la hamburguesa más icónica de América y lo que se esconde detrás de ella.

No he comido una Big Mac en, por lo menos, una década. No es porque no las ame, sino porque he aprendido que un sándwich de 540 calorías, 29 gramos de grasa y 1040 mg de sodio no es tu amigo si eres mayor de 13 años.

 

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Pero cuando me enteré de la muerte de Jim Delligatti, quien inventó la Big Mac hace 50 años, comencé a cuestionar mi cuadrada alimentación.

 

Esto se debe a que, este héroe de la comida rápida, quien alcanzó los 98 años, se empujó al menos una Big Mac a la semana durante años, según su hijo.

 

¿Cómo es posible? No tiene sentido. Es como descubrir que el inventor del crack, se drogó brutalmente cada semana y vivió 100 años.

 

Así que le daré una nueva oportunidad a la Big Mac. Pero esta vez, trataré de disfrutarla.

 

Nadie lo hace, no con una Big Mac. No te das el tiempo de saborearla como lo harías con un jugoso corte de carne.

 

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Te la comes como si fueras un mapache comiendo basura. Tienes que hacerlo rápido, antes de que los dueños de la casa se despierten y te persigan con una escoba. 

 

Llegó un momento en que las Big Mac eran omnipresentes. Durante el siglo 20, conocer a alguien que no había probado una, era como conocer a alguien hoy en día sin una cuenta de correo electrónico. 

 

Sin embargo, la Big Mac no hace suspirar a los niños como antes. 

 

De hecho, según una autoridad en el tema, el mismísimo McDonald’s, solo uno de cada cinco millennials han probado una Big Mac

 

Nunca han experimentado las dos “carnes con salsa especial Big Mac, lechuga, cebolla, pepinillos y queso derretido”. 

 

A pesar de las irrespetuosas nuevas generaciones, la Big Mac sigue teniendo algo mágico. La llamada “salsa especial” tiene años sin ser un secreto -es básicamente aderezo mil islas retocado- pero esto no detuvo a alguien de pagar 95 mil dólares (durante la subasta en línea de la Casa de Caridad Ronald McDonald) por un frasco de 25 onzas de salsa especial Big Mac

 

Más o menos, 3 mil 800 dólares la onza, la onza de oro cuesta mil 163 dólares. 

 

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¿Necesitas otra prueba de que vivimos en tiempos raros? Los millennials piensan que las Big Mac son veneno, pero la salsa especial vale más que el oro. 

 

Previo a comerme mi Big Mac, platiqué con Adam Moran, un comedor profesional de 30 años, poseedor del récord mundial de comer Big Macs. En el 2015, logró bajarse 17 de estas hamburguesas en menos de una hora. 

 

“Para serte sincero, es lo que más trabajo me ha costado digerir”, indica Moran. “Y como mucha basura”. 

 

“También tardaron en salir de mi tres días”, agrega. “La cantidad de azúcar y sal me hicieron sentir mal, pero estuve en coma de comida chatarra durante algunos días”.

 

Esto solo me produjo más ansiedad. Y confusión sobre cómo es posible que un hombre pueda comer tantas Big Macs y vivir 98 años. 

 

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Entré al Rock N’ Roll McDonald’s en Chicago, uno de los más famosos del mundo. 

 

Pensé que estaría repleto. 

 

¿No es aquí en donde los leales seguidores de la Big Mac deberían reunirse para hacer sus oraciones por el recién fallecido gurú? ¿No debería haber pétalos de flores en el piso, notas de agradecimiento pegadas cerca del mostrador y gente sin poder contener las lágrimas mientras comen la Big Mac más triste de su vida? 

 

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Eran las 12:10 de la tarde, el Rock N’ Roll McDonald’s estaba casi vacío. Solo me encontré con otra persona comiendo una Big Mac -un hombre viudo de 82 años, llamado Franklin, quien me dijo que ha comido Big Macs desde los 70’s. 

 

“No puedes creerle a los medios”, me dijo. “Dicen que las Big Macs son malas para ti, pero no lo sé. ¿Recuerdas cuando los huevos eran malos? Hoy en día, se supone que te comas seis huevos al día. Los doctores recetan tocino. No puedes confiar en la mitad de las cosas que lees”. 

 

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Para ser sinceros, sí se le ha hecho una mala reputación a la Big Mac. Es el sandwich que todos mencionan cuando tratan de probar que los estadounidenses son gordos. 

 

Sin embargo, un reporte de 2015 del Physicians Committee for Responsible Medicine encontró 100 ensaladas de restaurantes de cadena que son considerablemente “peores” para ti que una Big Mac

 

Alimentos aparentemente saludables, como la Ensalada César con Pollo a la Parrilla de Applebee’s, tiene casi el doble de grasas saturadas, colesterol, sodio y calorías que una Big Mac

 

Esto no significa, por supuesto, que una dieta que incluya una Big Mac a la semana sea una buena idea. 

 

El doctor Mike Roussell, asesor de nutrición de Men’s Health, no está asombrado de que un hombre que vivió 98 años haya comido tantas Big Macs, “siempre y cuando haya comido moderadamente el resto del tiempo, dormido bien, fuera una persona activa, comiera muchos vegetales y controlara el estrés”. 

 

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Sin embargo, no es tan fácil de digerir (en sentido literal y figurado). Sí, todo está bien con moderación, pero tiene mucho sentido cuando lo dices sobre el vino o el chocolate. 

 

Una Big Mac ni siquiera es comida. ¿O sí? Lee las letras chicas y encontrarás ingredientes aterradores como jarabe de maíz de alta fructuosa, alginato de propilenoglicol y lecitina de soya. 

 

Comer una Big Mac a la semana tiene tanto sentido para tu salud como fumar un cigarro con la misma frecuencia. 

 

Claro, es mucho mejor que fumarte una cajetilla al día, pero ¿no sería mejor no fumar? 

 

¿No se supone que no fumar y no meterle jarabe de maíz de alta fructuosa al cuerpo es el tipo de cosas que hace la gente que vive casi 100 años? 

 

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Todo tiene que ver con los genes, indica la nutrióloga Colleen Gerg. Así como suerte. 

 

“Algunas personas, aunque pocas, fuman toa la vida y nunca desarrollan cáncer en los pulmones o de cualquier otro tipo”, explica Gerg. “Algunas personas realizan ejercicio aeróbico toda su vida y caen muertos de un paro cardiaco durante su carrera matutina”. 

 

No puedes elegir controlar o cambiar tus genes, asegura Gerg, “al menos, no por el momento”. 

 

Pero, añade, algunos estudios sugieren que lo que comas hoy puede tener repercusiones a largo plazo en tus futuros hijos y nietos. 

 

“Incluso si no tienes tanta ‘suerte’ -por ejemplo, no tienes los mejores genes- comer bien puede beneficiarlos”, añade. “Quién sabe, ¿será que Jim Delligatti tiene que agradecerle a sus papás y abuelos por sus genes?”

 

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El momento de la verdad: abrí la caja de mi Big Mac y ahí estaba. Tan suave y simétrica como la recordaba de mi juventud. 

 

Había muchas voces revoloteando en mi cabeza, mientras me la llevaba a la boca. 

 

Escuché nutriólogos diciéndome que una Big Mac no me va a matar, siempre y cuando mi abuelo no haya sido fan de las grasas trans. 

 

Escuché a Adam Moran decirme que sino hubiera sido por el sabor de los pepinillos, “seguramente me hubiera comido 20 Big Macs”. 

 

Y escuché a Franklin, en la mesa junto a mí, todavía quejándose de lo poco confiables que son los medios. “Ya lo verás, dentro de 20 años, vamos a descubrir que las Big Macs son mejores que el kale”. 

 

Me supo a… bueno, ustedes saben. 

 

Mi boca se regocijaba con la nostalgia. Sin embargo, ya podía escuchar a mi tracto digestivo gruñirme de enojo. 

 

“Vas a pagar por esto después”, decía. 

 

Puede que no alcance a vivir los mismos años que Delligatti, pero estoy seguro de una cosa. Sufriré para vaciar mis intestinos igual que un magnate de 98 años. 

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