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Cumple tu objetivo

POR: Allison Winn Scotch y Héctor Martínez
FECHA:2012-04-19
Cuando comprendas por qué fracasan cuatro de cada cinco dietas, estarás un paso más cerca del éxito. Esto te interesa.

Las dietas no funcionan. Las privaciones, los cantos de sirena de la cerveza y la pizza, la molestia de medir las microraciones. Lo peor de todo es la sensación de que la dieta va a durar eternamente, de que tus labios jamás volverán a sentir el sabor de las alitas de pollo picantes. No es de sorprender que el 80% de las dietas no conduzcan a nada, de acuerdo con la Revista americana de nutrición clínica.

No te vamos a decir que renuncies por completo a las dietas. Pero sí te vamos a decir que todo va a salir bien. Para triunfar, simplemente tienes que llegar al fondo de los "cuándo", los "cómo" y los "por qué" de las dietas.

Así que en esta ocasión, en lugar de ir tropezando con los ojos vendados por un terreno lleno de peligros que no conoces, vas a ir en un tour guiado a través de los errores potenciales de las dietas, tal vez los mismos que te han tendido trampas anteriormente. Sólo hay un problema: muy pronto vas a necesitar un guardarropa nuevo.

 

A la primera semana

La crisis: Estás pasando mucha hambre.

Antes: Te comías lo primero que veías.

Ahora: Come, pero come de manera diferente. Elige alimentos con alto contenido de fibra dietética y de agua. Tus instintos te dicen que quieres una hamburguesa con queso. Tu yo interior, más astuto, sabe que la misma carga de calorías se puede encontrar en una fuente de pasta de trigo integral con tomates y espinaca, un panecillo de trigo integral o un plato de sopa. ¿Estás en el auto? Debes tener siempre a mano un paquete de frutas secas: un matahambre nutritivo y delicioso.

La ciencia: Cuando tienes el estómago vacío, se segrega la hormona grelina, que estimula el apetito, dice el Dr. Scott Isaacs, instructor clínico de Medicina en la Universidad Emory y autor de Balance hormonal. No permitas que eso suceda. "Al consumir alimentos cargados de fibra y agua, como frutas y vegetales, te vas a sentir lleno al mismo tiempo que controlas la producción de grelina." Las proteínas hacen lo mismo, pero algunos alimentos ricos en proteínas también son ricos en calorías. Por eso debes alternar. Consume un queso rico en proteína por la mañana, y por la tarde, rebanadas de manzana, ricas en agua y en fibra dietética.

La segunda crisis: Estás de mal humor.

Antes: Le echabas mano a las papitas y a los refrescos.

Ahora: Mejora tu humor con meriendas que satisfagan tus hormonas, no sólo tu estómago. Los alimentos con mucha grasa o azúcar se convierten rápidamente en glucosa después de la digestión. A partir de ahora, tus meriendas van a ser a base de carbohidratos complejos, como esta delicia de granos integrales: un plato de cereal de avena o alto en fibra con arándanos y leche baja en grasa.

La ciencia: Estás de mal humor porque has eliminado las fuentes de energía que mejoran rápidamente el humor, como las papitas fritas y los refrescos de cola. "Cuando se eliminan esa fuentes fáciles de energía, vas a pasar por una etapa en la que no te vas a sentir de maravilla," dice el Dr. Vincent Pera, director del programa de control de peso en el Hospital Miriam, en Providence, Rhode Island. Los investigadores en Holanda demostraron recientemente que una infusión de glucosa puede ayudar a evitar las sensaciones de ansiedad al realzar la función de la serotonina. Eso está muy bien, pero puedes lograr el mismo efecto con carbohidratos complejos que aumentan los niveles de serotonina sin inflar tu panza como lo hacen los carbohidratos con mucha azúcar.

 

Al primer mes

La crisis: La báscula parece que no se mueve.

Antes: Pensabas: ¿para qué sirve todo esto? No está funcionando.

Ahora: Ponte en movimiento. "El ejercicio es crucial en este punto", dice el Dr. Isaacs. Nada complicado, simplemente muévete. Los ejercicios cardiovasculares (correr, andar en bicicleta, saltar cuerda) queman calorías, y levantar pesas aumenta la masa muscular, lo cual hace que quemes más calorías, incluso cuando duermes. Por cada medio kilo de músculos que aumentas, quemas de 20 a 50 calorías más al día. Y bebe mucha agua para reemplazar la que estás sudando. Mantenerte hidratado ayuda a tu cuerpo a descomponer la grasas y suprime los ataques de hambre (después de todo, el agua también ocupa un espacio en el estómago.)

La ciencia: "En la medida en que bajas de peso, necesitas menos calorías, pero al crear masa muscular estás acelerando tu metabolismo y contrarrestando ese efecto," dice el Dr. Isaacs. En un estudio reciente de la Universidad de Arkansas, las personas que estaban siguiendo dietas bajas en grasa y alta en carbohidratos complejos, y que además hacían ejercicio, bajaron 1.5 kilos más en un periodo de doce semanas que aquellas que comieron dietas similares, pero no fueron al gimnasio.

La segunda crisis: Sientes fuertes deseos de comer.

Antes: Cedías. Porque la vida es para disfrutarla.

Ahora: Cede a los ataques de comida, pero con astucia. El Dr. David Katz, director del Centro de Investigación de Prevención de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale y autor de La manera de comer, recomienda llevar siempre "el equivalente alimenticio de un paraguas". Ten siempre a mano una bolsa de nueces, fruta, yogur y queso bajo en grasa. Necesitas tener acceso rápido a fuentes saludables de proteínas o de fibra dietética para satisfacer los sorpresivos ataques de hambre.

La ciencia: "Cuando haces una dieta, las células que estaban antes repletas de grasa empiezan a encogerse", dice el Dr. Katz. Ellas saben que les está llegando su hora y que pronto las vas a quemar como combustible. Y es comprensible que tengan otros planes. "Las células les envían un mensaje al cerebro diciendo que necesitan más combustible. Interrumpen la producción del leptina, la hormona que le informa al cerebro que estás satisfecho. Entonces tu cerebro, a través de las células, sale a cazar cualquier cosa que se encuentre. Y eso por eso que siempre debes tener a mano meriendas saludables.

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