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La sal que no salva

POR: Reauters
FECHA:2012-05-03
Una dieta salada pueda generar mayor riesgo de sufrir un ictus o un ataque cardíaco, además de elevar la presión sanguínea.

Los mayores con una alimentación elevada en sal correrían más riesgo de padecer un ictus, según un estudio sobre más de 2,000 personas realizado en Estados Unidos.

Aunque es bien sabido que a medida que se incrementa el consumo de sal también es probable que aumente la presión sanguínea, está menos claro que una dieta salada pueda generar mayor riesgo de sufrir un ictus o un ataque cardíaco.

Pero los investigadores del nuevo estudio, cuyos resultados fueron publicados en la revista Stroke, dijeron que de los casi 2,700 mayores que examinaron, aquellos que consumían mucho más sodio del recomendado eran casi tres veces más propensos a sufrir un ictus en 10 años que quienes cumplían con los consejos de la Asociación Estadounidense del Corazón.

"La ingesta elevada de sodio fue prevalente y estuvo asociada con un mayor riesgo de ictus independientemente de los factores de riesgo vasculares", escribió Hannah Gardener, experta de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami, que dirigió el estudio.

A diferencia de la presión sanguínea, que cambia rápidamente, el ictus y la enfermedad cardíaca son complicaciones de largo plazo, por lo que estudiar la relación entre el consumo de sodio de las personas y su riesgo de sufrir estas dolencias es más difícil.

La Asociación Estadounidense del Corazón (AHA por sus siglas en inglés) sugiere que las personas limiten su ingesta de sodio a no más de 1,500 miligramos (mg) diarios. Esta cantidad es un poco más estricta que otras recomendaciones, incluyendo la de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que pone el límite en 2,000 mg.

Los participantes en el nuevo estudio, fundamentalmente negros e hispanos neoyorquinos, consumían habitualmente cantidades muy por encima de esas recomendaciones, con una media de 3,031 mg de sal por día.

Los resultados se basaron en 2,657 adultos a los que se entrevistó sobre su salud y estilo de vida, y que completaron cuestionarios sobre alimentación. Tenían, de media, 69 años cuando comenzó la investigación.

En los siguientes 10 años, se registraron 235 ictus en el grupo. Las personas que ingerían al menos 4,000 mg de sodio al día hacia el final del estudio eran casi tres veces más proclives a padecer uno que aquellos que mantenían el consumo diario por debajo de los 1,500 mg.

Entre las 558 personas cuyo consumo de sodio alcanzó los 4,000 mg por día, hubo 66 ictus frente a los 24 que se dieron entre los 320 mayores que cumplían con las pautas de la AHA.

Gardener advirtió que no se podían sacar conclusiones definitivas sobre la relación causa-efecto, dado que las personas que mantenían su consumo de sal a raya también serían más saludables en otros aspectos.

La autora y su equipo tuvieron en cuenta su consumo de tabaco, la práctica de ejercicio, la educación y otras condiciones de salud que pudiesen contribuir a los ictus, pero aún así hubo una fuerte correlación entre el consumo de sodio y el riesgo de ictus.

 

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