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Salva tu hígado

POR: Alberto Rojas-Eguiluz
FECHA:2013-01-07
Las enfermedades hepáticas crónicas matan a millones de personas al año. Con las precauciones necesarias tu hígado trabajará siempre a tu favor.

No es secreto alguno que el buen funcionamiento del hígado es vital para que el resto de los órganos del cuerpo cumplan con su labor y tengas una buena calidad de vida. Lo que no todos saben es que, hasta la fecha, se ha encontrado que el hígado cumple con poco más de 500 funciones por sí solo. Entre las más importantes se encuentran la transformación de los alimentos en energía, la eliminación de las toxinas y del alcohol de la sangre y la producción de bilis para ayudar a la digestión.

Si el hígado dejara de cumplir con sus funciones, todo tu cuerpo sufriría un colapso. La coagulación de tu sangre sería mucho más lenta, te intoxicarías por la cantidad de sustancias tóxicas que recorrerían tu torrente sanguíneo, tu sistema inmunológico sería deficiente y la glucosa no se convertiría en glucógeno para ser utilizada como fuente de energía, entre muchas otras consecuencias.

Aunque por todos lados se promueve la importancia de un hígado sano por medio de una buena alimentación, un bajo consumo de alcohol y de grasas, las enfermedades hepáticas crónicas ?sobre todo, la cirrosis? se han convertido en una de las mayores causas de mortalidad en el mundo, ocupando el sexto lugar en México y la tercera entre hombres que tienen de 23 a 64 años de edad. La principal complicación de la cirrosis es la encefalopatía hepática, que es un trastorno cerebral que puede acabar en la muerte. En la encefalopatía hepática, el hígado pierde la capacidad para cumplir con sus funciones y, como no depura la sangre, varias sustancias, como el amoniaco, llegan al cerebro y se acumulan, alterando las funciones cerebrales progresivamente.

Aunque la cirrosis se ha convertido en una verdadera amenaza para los hombres, no es el único padecimiento crónico del hígado que te puede afectar al grado de llevarte a una muerte prematura. La enfermedad del hígado graso no alcohólico ha crecido alarmantemente en los últimos años y, junto con la fibrosis hepática, son afectaciones serias que tienes que evitar a como dé lugar.

 

LOS ENEMIGOS A VENCER

Cirrosis hepática

Es la destrucción gradual del tejido del hígado por lesiones o enfermedades prolongadas, esto causa la disminución progresiva del flujo sanguíneo que pasa por él. A medida en que se pierde el tejido hepático, sustancias como nutrientes, hormonas o toxinas dejan de ser procesados por el hígado, además de que se inhibe la producción de proteínas. La mala noticia es que el daño que le causa al hígado una cirrosis es irreversible.

Esto la causa Ya lo has de haber oído: su principal causa es el abuso prolongado del alcohol, pero existen otros factores que pueden intervenir para desarrollar cirrosis, como el haber sufrido hepatitis, el uso de determinadas drogas, haber estado expuesto a sustancias químicas, sufrir de fibrosis quística, diabetes o desnutrición, entre otras.

 

Enfermedad de hígado graso no alcohólico

Es un problema que se vuelve relativamente común, en donde se incrementa el índice de células muertas en el hígado, lo que trae una serie de alteraciones en él, siendo la más común la acumulación de grasa en el órgano hepático. Este solía ser un problema exclusivo de bebedores pero, de unos años a la fecha, se ha presentado con mayor frecuencia en gente que no toma alcohol y por eso tuvo que cambiar su clasificación. Cuando el hígado se rodea de grasa cambia tanto su aspecto como su función, lo que ocasiona que se inflame y produzca una esteatohepatitis no alcohólica, que puede derivar en una cirrosis.

Esto la causa Nuestros cuerpos fueron diseñados para mantenerse en movimiento. El no hacerlo trae muchos problemas. Comer más de la cuenta y llevar una vida sedentaria puede llevar a este padecimiento sin necesidad de que consumas alcohol (aunque su abuso prolongado también puede terminar en enfermedad de hígado graso). Hoy en día afecta, solo en Estados Unidos, a alrededor de 90 millones de personas. Aunque hacen falta más investigaciones, se sabe que ingerir más calorías de las necesarias, no hacer suficiente ejercicio y llevar una vida sedentaria afectan para desarrollar este padecimiento, el cual puede acabar en una muerte prematura.

 

Fibrosis hepática

Es el crecimiento del tejido cicatrizante como resultado de una infección, una inflamación, una lesión o una curación, e inhibe las funciones hepáticas.

Esto la causa Con frecuencia, la fibrosis viene como resultado de una cirrosis.

 

LAS SOLUCIONES

Directo a la elíptica

Investigadores observaron a 13 hombres obesos y sedentarios, que sufrían de la enfermedad de hígado graso, en un programa de ejercicio de siete días, que consistía en 60 minutos de ejercicio aeróbico supervisado a un ritmo cardiaco máximo de entre 80 y 85 por ciento cada día. Las concentraciones de un químico en la sangre asociado con la muerte de las células hepáticas cayó significativamente esa semana, lo que sugiere que el ejercicio aeróbico puede funcionar en este grupo de personas, aunque se requieren de más estudios que lo confirmen.

 

Despacio, despacio

Un estudio aplicado a 15 personas en estado prediabético sugiere que el simple hecho de caminar puede disminuir la progresión de la enfermedad de hígado graso no alcohólico. En el estudio, los participantes caminaron en una banda por una hora los siete días de la semana a 85 por ciento de su ritmo cardiaco. Antes y después del estudio, los investigadores midieron el índice de lípidos poliinsaturados (ILP, un indicador de la salud del hígado) de los participantes. Después de siete días, el nivel de ILP se incrementó en 84 por ciento, algo sumamente positivo para las personas en riesgo de desarrollar el padecimiento hepático. "El ejercicio parece afectar los factores de riesgo metabólicos acumulados para la progresión de la enfermedad", dice Jacob M. Haus, de la Cleveland Clinic. Actualmente, se sigue trabajando para ver con mayor precisión el efecto que tiene el ejercicio en la enfermedad del hígado graso no alcohólico.

 

Bájale a la roja

Científicos analizaron los datos de 495 mil personas con el objetivo de investigar la relación entre el consumo de carne y grasa, y el riesgo de cáncer hepatocelular (el cáncer de hígado más común) y la muerte por enfermedad crónica del hígado. En comparación con los que comían menos carne roja, los que ingerían la mayor cantidad tenían un riesgo de morir de enfermedad crónica del hígado 2.6 por ciento mayor y probabilidades 74 por ciento más altas de desarrollar cáncer hepatocelular. La ingestión de grasa saturada estaba asociada con un riesgo 3.5 por ciento mayor de morir de la enfermedad crónica hepática y un aumento de 87 por ciento en sus probabilidades de desarrollar este tipo de cáncer. Por otro lado, la ingestión de carne blanca implicó una caída en las probabilidades de 48 por ciento en ambas mediciones.

 

"Curcumínate"

La a curcumina, un componente de la especia cúrcuma (también conocida como palillo o azafrán de raíz), dispone de propiedades antiinflamatorias. Un estudio aplicado a ratones sugiere que podría retrasar el daño de las enfermedades progresivas inflamatorias del hígado, como la cirrosis biliar y la colangitis esclerosante. Ambas condiciones causan inflamación en los ductos biliares del hígado, que lleva a la cicatrización y obstrucción de estos, lo que puede acabar en una cirrosis fatal. El ratón de la investigación que sufría de inflamación crónica hepática se le suministró una dieta alta en curcumina por ocho semanas. El tejido hepático y la sangre fueron analizados antes y después de que el roedor ingirió el componente y los resultados fueron comparados con los datos de otro que llevaba una dieta de control. La curcumina redujo la inflamación y la cicatrización que interfería con varias vías bioquímicas.

 

Bájale a lo que ya sabes

Dos investigaciones publicadas en bmj.com encontraron que los altos índices de masa corporal (IMC) y el alcohol trabajan conjuntamente para incrementar el riesgo de una enfermedad hepática. El primer estudio recopiló datos de un millón 230 mil 622 mujeres para investigar la relación entre ambos y el riesgo de cirrosis. Se concluyó que tener un IMC por arriba de 22.5 incrementa el riesgo de una cirrosis hepática sin importar la ingesta de alcohol. Por otro lado, el riesgo relativo de cirrosis por un incremento de cinco unidades del IMC, sin que este rebasara los 22.5, todavía con ingestión de alcohol fue insignificante; sin embargo, las diferencias absolutas no lo fueron. El riesgo absoluto de cirrosis hepática fue similar entre mujeres obesas y las de peso normal que tomaron entre media bebida alcohólica y un tercio al día, pero la cosa cambió entre las que tomaron dos y media bebidas al día. El riesgo absoluto de cirrosis fue de 2.7/1000 en cinco años entre las que estaban en el peso promedio, y de 5/1000 entre las obesas. El segundo estudio se enfocó en el efecto del IMC, el consumo de alcohol y el riesgo de morir de una enfermedad del hígado. Los participantes se dividieron en nueve grupos de acuerdo con su IMC y sus hábitos de consumo de alcohol. En comparación con los que tenían un peso por debajo de lo normal y no bebían, los bebedores obesos y los grandes bebedores, sin importar su categoría de IMC, tenían un riesgo mayor de morir de una enfermedad hepática. Beber mucho alcohol incrementa los efectos de la obesidad en cuanto al riesgo de morir de un padecimiento del hígado se refiere. Por ejemplo, los obesos que tomaban de uno a 14 tragos a la semana aumentaban su riesgo de morir de estas enfermedades en 5.58; los que tomaban 15 lo incrementaban a 18.9.

 

Acéitate

El aceite de oliva también es bueno para el hígado. En un estudio, las ratas que fueron alimentadas con este aceite mostraron menor estrés oxidativo tras haber sido expuestas a un herbicida dañino en comparación con las que no se les dio. Al parecer, la grasa monoinsaturada contenida en el aceite de oliva funciona como protector y sus polifenoles podrían anular los peligrosos radicales libres.

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