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¿Te estás esforzando demasiado?

POR: Sarah Miller
FECHA:2012-04-19
¿No lo suficiente? Busca el equilibrio perfecto y ella no podrá poner su mente (ni sus manos) en otro hombre. Asegurado.

Las mujeres adoramos a los hombres. Queremos que nos presten atención y nos amen más que a cualquier objeto que se mueva sobre la faz de la Tierra. ¡Esa es la buena noticia! La no-tanbuena es que la dosis de atención y amor que queremos es bastante específica. Si no nos satisfaces, podemos molestarnos... y buscar lo que nos falta en otra parte. Pero si nos das una sobredosis, corres el riesgo de aburrirnos. Encontrar el balance ideal nos hacen sentir independientes y protegidas al mismo tiempo... y eso, amigo mío, hace que te conviertas en el hombre más irresistible del mundo. Estas 10 simples lecciones te ayudarán a suministrar(nos) la proporción perfecta.

 

1. Estás poniendo de tu parte si usas una presentación diferente a: "Hola, me llamo Oscar".

El primer paso (como siempre) es intentar que una mujer salga contigo. Lo mismo si estás hablando con la amiga de un amigo, con la mujer que acabas de conocer en el bar, o con la extraña y fotogénica chica online, lo que te preocupa es lucir interesante y agradable, pero no desesperado. (Los kilos que perdiste no fueron precisamente para reforzar tu seguridad). Pero recuerda que las mujeres también quieren impresionarte (¿para qué crees que nos molestamos en usar escotes y labiales?). Por eso, una vez que hayas captado su atención, lo más difícil es lograr que no la pierda. Lo mejor que puedes hacer en ese momento es dejarla hablar (¡ella debe ser muy buena en esta materia!).

Cuando sea tu turno trata de conversar sobre temas interesantes. Cuéntale cómo conseguiste ese importante puesto o por qué adoras a tu perro. Ahora, si odias tu trabajo y nunca en tu vida has tenido una mascota, debes ser un hombre muy infeliz, entonces, por supuesto, podrías hablarle de... ¿terapias? El caso es que puedes poner cualquier tema sobre el tapete, que si eres divertido y relativamente seguro, entonces ella valorará tu esfuerzo.

En la primera cita también debes dosificar los alardes y las autosuficiencias. No olvides que -por mucho que tengan en común- conversar con una mujer no es una entrevista de trabajo: así que abrevia tu currículo.

 

2. Tienes un punto a tu favor si la cena que has planeado (aunque no incluya velas ni vinos caros) le permite conocerte un poco mejor.

Algunos hombres suelen lanzar la casa por la ventana en la primera cita: una limo, restaurante cuatro estrellas, asientos en primera fila. Si tales lujos no forman parte de tu vida, te sentirás fuera de contexto y aumentarán tus posibilidades de error (¿cuál es la copa del agua?). Mejor que eso, muévete en tu territorio... llévala a los sitios que a ti te gustan, donde el dueño y el mesero ya te conocen. Los hombres populares y sociables nos impresionan. (Aclaración: "los sitios que te gustan" no incluyen bares topless).

No olvides: Lavar tu carro. Si al final de la cena se te ocurre invitarla a un café en tu apartamento, no te preocupes por el desorden... es más, eso te da un par de puntos extra porque podría parecer que tu propuesta no era premeditada. Pero lo del carro es otra historia. Aquí la lectura del reguero y la suciedad es: "Quiero estar solo... Forever!!!"

 

3. Insistir puede volverse patético.

Es natural que la pasión por conquistar lo desconocido despierte tu lado más salvaje. Quisieras secuestrarla y regalarle un fin de semana de película, grabarle un CD con todas sus canciones favoritas y hacerle las fotos más espectaculares de su vida. Para colmo, estás convencido de que ella está ciento por ciento dispuesta a seguirte la pista. No nos hagas sentir tan previsibles. Pero aunque estés absolutamente seguro de que tú también le interesas, prueba "algunas" de esas estrategias, no todas al mismo tiempo.

Si, por el contrario, crees que necesitas ser un poco más insistente para conquistarla, trata de no parecer un neurótico persiguiéndola. Déjale saber que quieres estar a su lado simplemente porque disfrutas su compañía. ¿Crees que pueda resistirse?

Tip: Jamás le preguntes: "¿Qué rumbo está tomando esta relación?" Si lo haces, es muy probable que no te guste mucho su respuesta. Y de todas maneras, las mujeres tenemos derecho exclusivo a escoger el rumbo. ¿Lo sabías... o no?

 

4. Cuando se trata de sexo, decir "Wow" es una buena señal.

A las mujeres nos gustan los orgasmos? pero no necesitamos tener 10 en una noche. El secreto: las técnicas de excitación son maravillosas; sus efectos son evidentes y no necesitas recapitular ni fundamentar con una lección de anatomía lo que acaba de suceder. Lo mejor del sexo es que se basa en la intimidad, y lo más alarmante es que con la intimidad salen a relucir las inseguridades de cada uno.

Contrólate los deseos de preguntarle si fue bueno o lo que más le gustó. En lugar de estar haciendo ese tipo de averiguaciones, limítate a observarla y lo deducirás por sus reacciones. Si no estás muy convencido, dile algo como: "Se aceptan sugerencias" y guíñale un ojo; pero "¿Te gustó lo que probaste?" o frases por el estilo te harán lucir como un mesero (particularmente molesto).


5. Comunicarte está bien.

Hacerte el poeta no siempre trae buenos resultados. Tengo una amiga que recibió un e-mail de su nuevo novio que decía: "Desde aquí puedo contemplar el nublado cielo de Lima, empiezo a llorar? y me siento a reflexionar". Este es el típico caso de un hombre desesperado. No sé si mi amiga lo habrá dejado, pero aseguro que esas tres líneas la pusieron a pensar. Es posible que alguna ex le haya pedido a este hombre que exteriorizara más sus sentimientos... pero olvidó advertirle que lo hiciera de manera directa y sin "adornarlos" con cursilerías. A las mujeres nos gusta estar informadas, así es que llámala, escríbele un e-mail. Pero, por favor, sé original.

Sigue esta regla: Recuerda que la última vez que trataste de ponerte a inventar palabras terminaste metido en un gran rollo.

 

6. Piensa como novio, no como criado.

Los hombres con buenos modales son supertiernos y no dejan de lucir sexy. Aquellos con buenos modales en exceso son sumisos y a veces repulsivos. Todo es muy gradual: si está lloviendo y ella lleva puesto su mejor vestido, sal corriendo y ábrele la puerta del carro; pero después de las primeras citas, está bien quitar el seguro sin necesidad de bajarte. Buscarle un trago en la barra está bien, pero no pedir la cena por ella. Abrir las puertas se ve nice, pero no si tienes que echar una carrera para llegar antes. Dejarla sentada en un café para salir corriendo al deli a buscar la leche de soya que le gusta o enviarle una ducha por correo, porque la escuchaste decir que necesitaba instalar una nueva (experiencia propia), es ser excesivamente atento.

¡Relájate, hombre! En realidad, no queremos demasiado. Demuéstranos un poco más de la cortesía que sueles tener, y con eso ya nos impresionaste.

 

7. Que la primera escapada juntos tenga más diversión que romance.

Volar a París con un hombre puede sonarle muy romántico a una mujer. Pero haberlo mencionado en la tercera cita suena (moderadamente) psicótico y (absolutamente) falso. Cuando hagas las maletas por primera vez con tu novia, asegúrate de que llevas sólo el equipaje para un fin de semana, y vayan a un destino informal y cercano.

Nota al margen: si eres atlético y te gusta acampar, un fin de semana escalando montañas o haciendo rafting será el mejor pretexto para lucir tus músculos. Pero si eres torpe y poco atlético, sería mala idea invitarla a esquiar. Los rollitos de tu abdomen están muy lejos de ser sexy, y sus falsas caídas para atenuar tus torpezas te pondrán en una situación embarazosa. Después de un fin de semana como este, ¿qué podría volver a encender la pasión y el romance?

 

8. Estás exagerando si la llevas a conocer a tu madre demasiado rápido.

Más de una mujer se ha llevado una gran sorpresa cuando se entera de que su novio no es huérfano. Es aceptable -e incluso, bueno- hablar de la familia en las primeras citas. Esto nos ayuda a crear el perfil emocional que vamos armando en nuestras mentes. Pero no te apures: nos espanta la idea de que después de habernos visto apenas dos veces, ya tu madre sabe que existimos. Y mucho más si nos pides que conozcamos a los futuros "suegros" en un momento en el que estamos comenzando a conocernos.

Tip: Las fotos de familia en tu nevera pueden dar un buen pie para iniciar este tipo de conversaciones. Pero si no paras de hablar de tus sobrinos, podría ser un escalofriante indicador de que ya estás listo para la paternidad. Este suele ser un rasgo bastante común entre los especímenes con fobia a los compromisos.

 

9. Los actos de amabilidad espontáneos nos impresionan.

Demasiadas atenciones nos hacen sentir estúpidas. Cambiarle el bombillo a la lámpara de su cocina de puntal alto porque hace tiempo que notaste que estaba fundido y, bueno, tú sabes que ella no alcanza y que padece de vértigo, es el tipo de atenciones por las que una mujer quisiera tenerte siempre a su lado. Cambiar todos los bombillos de su apartamento por luces fluorescentes ya es demasiado. Sí, nos gustan los hombres que ponen a nuestra disposición su fuerza y su inteligencia cuando los necesitamos. El hecho de que nos quieras proteger te hace mucho más sexy.

Pero no olvides que ella podía valerse por sí misma antes de que tú aparecieras.

 

10. Recuerda: tu primo Víctor, que actúa como un tonto pero tiene nueve novias, no es un modelo a seguir.

Por ahí hay hombres que apenas atienden a sus mujeres y ellas los siguen adorando. ¿Debería actuar como ellos? No. Esos hombres son muy atractivos o exhudan un misterioso sex appeal que no ha podido ser identificado ni copiado. Pero algún día ellos serán ancianos que (a diferencia de ti) no cultivaron habilidades para seducir. Consuélate con que sus jóvenes y hermosas esposas los engañarán con la próxima generación de "mujeriegos".

Mientras tanto, estás sentenciado a una vida romántica con una sana demanda de esfuerzos, actos de amabilidad y, de vez en cuando, paciencia.

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