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9 maneras de acabar con el sexo monótono

9 maneras de acabar con el sexo monótono
¡Hola, enfermera! Con un acercamiento abierto y un examen cuidadoso, el arreglar tu vida amorosa no dolerá nada.
FOTO:Marley Kate
POR: Ian Knauer
FECHA:2012-09-11
¿Cuál es la prescripción para la falta de lujuria en la vida sexual? Nuestro intrépido reportero entrevistó a una renombrada experta.

Hace un momento, las cosas iban muy bien. Y, al decir "cosas", me refiero a sexo. Después de pasar la mañana limpiando el departamento y salir a correr juntos, nos lanzamos al sillón con la intención de ver una película, pero pronto estábamos tomados de las manos y frotando nuestros brazos. Empezamos a hacer el amor lentamente y fuimos aumentando la velocidad hasta que terminamos (y al decir "terminar" me refiero a que alcanzamos el clímax) frente a frente con labios y caderas unidos y los ojos abiertos. Comenzamos a sudar, se sentía como si hubiéramos estado bailando y luego, de pronto, ella empezó a llorar.

 

Hasta este punto, nuestra fresca relación había estado llena de apasionado, frecuente y ruidoso sexo. Reponíamos el tiempo perdido de manera muy apasionada. Pudo ser una coincidencia que nos encontráramos en la misma posición, saliendo de relaciones casi sin sexo. Mas no se sentía como coincidencia, sino como una cuestión del destino.

 

Si estábamos juntos, la pasábamos en la cama. Y, al decir "cama", me refiero a que estábamos teniendo sexo, aunque este no siempre era en la cama. Cuando no nos veíamos, nos mandábamos mensajes candentes.

 

Cuando le pregunté por el motivo de sus lágrimas, me dijo que en ese momento ella se sentía cerca de mí, como si en verdad estuviéramos conectados y comprometidos. Y yo me sentía del mismo modo. Fue entonces cuando decidí que esta relación era la indicada, que no solo la quería para el sexo, o incluso como novia, sino que más bien quería que fuera mi pareja. De alguna manera, algo que hice le transmitió ese mensaje.

 

Una vez que descubrí que su llanto no era señal de buen sexo, sino de uno genial, y que ella se sentía satisfecha tanto emocional como físicamente, ello se convirtió en mi objetivo. La cuestión sería descubrir qué fue lo que hice para que esto sucediera así.

 

Rápidamente pasamos esa primera etapa de la relación y nos estancamos en la rutina. Ella tenía trabajo y apartamento nuevos. El sexo era cada vez menos frecuente y más forzado. De algún modo, se me ocurrió que, si pudiéramos tener más sexo, podríamos recuperar esa conexión. Me podía dar cuenta que ella se presionaba cuando intentaba tener sexo entre que se metía a bañar y se iba al trabajo.

 

Todo tuvo sentido una noche en que cenamos con unos amigos. El tema de qué tan seguido teníamos sexo salió a la plática y la otra pareja nos dijo que ellos tenían encuentros diariamente. Ya de regreso en casa le dije que francamente sentía envidia de esa pareja de amigos. Tuvimos buen sexo en un par de ocasiones esa semana, y ella se preguntaba por qué no era suficiente. Era momento de pedir ayuda.

 

Durante una comida con uno de los editores de esta revista, le pedí ayuda. Men`s Health tiene un terapeuta sexual de cabecera. ¿Tal vez podría meterme en el cerebro de ella? Lo hice y aquí me tienen, con la misión de escribir un artículo sobre el modo en que tú también podrás disfrutar el tipo de sexo que la hará llorar de felicidad.

 

La maestra en Psicología Humana, Debby Herbenick, es una investigadora de la sexualidad y autora de Sex Made Easy y Read my Lips: a Complete Guide to the Vagina and Vulva, justo el territorio que yo intentaba recorrer. La doctora me preguntó cuánto tiempo teníamos juntos mi esposa y yo (10 meses). "Cielos", respondió, "suficiente tiempo para asentarse".


Herbenick me envió una lista de sugerencias. Yo esperaba algunas propuestas salvajes como "intenten el sexo anal" o "tengan sexo varias veces al día". Pero su lista era aburrida. ¿Hagan ejercicio juntos (1)? Seguro, eso lo hicimos el día del sexo épico. Y había algunas ideas que nunca habíamos explorado, como el usar lubricantes (3) o un vibrador (2), pero la mayoría de las actividades eran cosas que hacíamos ocasionalmente de cualquier modo. Y yo me preguntaba cómo era que el hacer más cosas (8) se traduciría en el-sexo-que-une-las almas. Ni siquiera entendía lo que significaba "concentración total" durante el sexo (4). Así, fui en busca de literatura al respecto y, al final, opté por: Because It Feels Good: a Woman`s Guide to Sexual Pleasure, de Herbenick, y Urban Tantra: Sacred Sex for the Twenty-First Century, de Barbara Carrella.

 

Ya en casa, empecé a leer el libro de Herbenick. Lo que más me llamó la atención fue el tema central: desaparecer la presión, relajarse y tener más "sexo con significado", aun cuando esto implique tenerlo con menor frecuencia. La mayor parte del libro no es directamente sobre crear una mejor vida sexual. Más bien, se centra en cómo construir una mejor relación. La teoría es que, si mejoras la comunicación y te sientes más cómodo y relajado, el sexo genial vendrá solo.

 

Estuve cometiendo varios de los errores que Herbenick marca en su libro. Metí presión en nuestra vida sexual y eso nos hacía daño. Peleábamos más seguido y nos echábamos en cara nuestros defectos. El consejo de Herbenick fue sacar la presión de la recámara y disfrutar a tu pareja.


Ella recomendaba cosas como pasar más tiempo acurrucados, besándonos y acariciándonos (6) durante la semana, aun cuando no estábamos teniendo sexo. Hacer cosas nuevas juntos (7), como tomar una clase o practicar un nuevo deporte, parecía un pequeño paso, pero valía la pena intentarlo. Nos inscribimos en clases de baile. Me fijé la costumbre de acariciar su cabeza cuando veíamos la televisión (es algo que le encanta), sin la intención de que ello terminara en sexo.

 

Y, ¿esto nos llevó a un mejor sexo? No. Al menos, no de inmediato. Pero una vez que decidimos seguir con sus sugerencias, sentimos que ello nos estaba acercando como pareja. Tal vez sí estaba trabajando, pero era demasiado pronto para admitirlo. Era momento de ir a comprar juguetes sexuales.

 

Cuando nos vimos esa tarde después del trabajo, ambos estábamos algo nerviosos. Mientras caminábamos hacia Babeland, la cadena neoyorquina de juguetes sexuales, ninguno de los dos sabía qué es lo que podíamos esperar ahora. Mentiría si no dijera que tenía miedo de que ella escogiera un enorme consolador que avergonzara a "mi paquete". Nos paramos uno al lado del otro frente a un colorido muro casi cubierto con máquinas fálicas. Ninguno sabía por dónde comenzar. Pero había algo bueno: estábamos juntos, aunque la situación fuera incómoda para ambos.

 

Los empleados de Babeland están entrenados para esto. Rápidamente terminaron con nuestras dudas y nos ofrecieron asistencia amistosa y sin prejuicios. "Bueno, este sirve para hacer cosquillas en el perineo", dijo el gerente. Mi novia y yo nos miramos con la misma pregunta: ¿Qué demonios es el perineo? Y resulta que es el espacio entre el ano y la vagina de una mujer o el ano y los testículos del hombre. Yo ya había escuchado de ese lugar, pero le decían "Nies", porque "nies ano, nies vagina", sino lo que está en medio.

 

Nos dirigimos a la sección de lubricantes y aprendimos la diferencia entre lubricantes con base en agua y de silicón. Nunca habíamos usado uno, no creíamos necesitarlos pero, en nombre de la ciencia y el aprendizaje, compramos tres distintos.

 

Lento pero seguro, pusimos a prueba todas y cada una de las sugerencias de Herbenick. Alguna vez solo seguíamos una de sus sugerencias (como la explorativa no.9), que significaba incorporar al menos cuatro o cinco acciones sexuales en una sesión: oral para ella, oral para mí, sexo vaginal, acariciar senos, acariciar genitales, etc.). Y en otros días, de manera casi inconsciente, seguíamos varios consejos, como realizar actividades juntos, además de unas cuantas caricias no-sexuales y algunas labores de casa. Pero hasta ese punto, aún no había una conexión profunda, todavía seguíamos sin lágrimas.

 

Pero algo había cambiado en mí, yo ya no andaba en busca de sus lágrimas de felicidad. Con la idea de liberar la presión, me hice a la idea de no tener expectativas, incluyendo cualquier complicada búsqueda de llanto. Es notable que en verdad tenemos menos sexo, pero si no lo contamos, es porque ya no nos importa como antes.

 

Algunas veces solo rodamos y nos reímos, otras solo frotamos nuestras espaldas. El fijarnos la meta de una experiencia emocional superintensa cada vez nos estaba llevando al fracaso. Ella me dijo en una ocasión: "A veces yo solo busco un momento divertidísimo".

 

Punto aclarado. De ahí en adelante tenía una nueva meta: divertirnos en conjunto (en la cama o donde sea) con la persona que amamos. Después de todo, una relación sana se supone que debe ser divertida.

 

Pero ¿funcionó? Te diré... Pero primero déjame extenderme un poco en las maravillas del lubricante, ese producto que se recomendó (3). De todos los artículos, el lubricante tuvo el resultado más sorprendente. Los dos sentimos que no era necesario (solo estamos a la mitad de los 30) y supongo que para nosotros, así es la cosa. Pero muchas de las mejores cosas en la vida son innecesarias. El lubricante cambia el modo en que se siente el sexo en una manera muy buena.

 

De los tres tipos que probamos, cada uno tuvo su favorito. A mí me gustó la sensación libre de fricción del lubricante con base en silicón, mientras que ella prefiere el de agua, porque se siente más natural y fresca. A ninguno nos gustó el "lubricante de estimulación natural", que se supone aumenta la sensibilidad, pero fue divertido el probarlo. Mi consejo: compra cualquiera; a todos los lubricantes que te intriguen puedes darles una noche de prueba. Algunos van a servir para ti y otros no lo harán, seguro; sin embargo, hacer la prueba con alguien que te importa nunca será algo malo.

 

No todas las sugerencias nos funcionaron. La técnica de alineación coital (5), por ejemplo, una versión de "El Misionero", en que el hombre gira el cuerpo hacia arriba para que la base del pene quede alineada con el clítoris se sentía rara y no nos dio placer a ninguno de los dos. Por otro lado, el vibrador parecía un experimento divertido y lo fue. Pero a final de cuentas no aumentó mucho el placer: se sintió demasiado artificial y mecánico.

 

Pero lo importante es que lo intentamos, porque al experimentar descubrimos lo que sí funciona para nosotros. Y el simple hecho de intentarlo fue divertido y nos acercó más. Los experimentos sexuales probablemente sean la clave para un mejor sexo.

 

Así que ¿funcionó o no? Una tarde, después de un largo día, nos encontramos de regreso en el apartamento. Ella acababa de regresar de correr en el parque (esa es una conducta no. 1) y yo estaba haciendo la cena. Nos pusimos a platicar acerca de las cosas divertidas que nos habían ocurrido en los últimos días y de los artículos que ambos habíamos leído y los que nos habían gustado. Limpiamos la cocina y lavamos los trastes (un poco de no. 8), no juntos precisamente, pero cumplimos con la meta: buscar tiempo para relajarnos juntos. No teníamos más planes o presiones. Nos movimos lentamente. La toqué y me tocó. No había prisa, solo éramos nosotros disfrutando el estar juntos. Dejaba una sensación de no. 4. Jugamos un rato con un tipo de lubricante (el buen no. 3) y luego con otro. Poco después ya estábamos disfrutando del buen sexo. Habría sido un sexo genial sin importar si era "divertidísimo" o realmente una experiencia profunda de meditación. Habría sido genial sin importar si era un lento maratón o un rápido sprint. De hecho, fue un poco de todo. Cuando terminamos, estábamos sentados, uno frente al otro. Yo tenía una mano en su espalda y ella en la mía. Nos miramos por un segundo antes de que ella cayera sobre el colchón y se pusiera a llorar... pero también se estaba riendo.

 

Pero esta vez sí sabía lo que había sucedido. Habíamos hecho tiempo para nosotros, no solo una noche, sino todos los días. Nos deshicimos de las expectativas de un sexo frecuente y salvaje, para cambiarlas por las intenciones de hacer feliz a la otra persona. Comenzamos a formar unos cimientos sólidos para nuestra relación. Todos estos son ingredientes para una mejor vida sexual. Dicho esto, solo agrego que un poco de lubricante no está demás.

 

 

Las 9 curas de la doctora Herbenick

1 Ejercicio juntos

Investigadores de la Universidad de Texas descubrieron que el ejercicio vigoroso activa el sistema nervioso simpático, que también se activa durante la actividad sexual. De este modo lograrás que cuerpo y mente estén dispuestos.

 

2 Usar un vibrador

La maestra en Psicología Humana Debby Herbenick descubrió que los vibradores están ligados a una función sexual positiva, como el deseo y el orgasmo.

 

3 Usa lubricante

Un estudio de la Universidad de Indiana de 2011 relaciona el lubricante con una mayor comodidad y el aumento del placer sexual.

 

4 Concentración total

Las mujeres tienden a distraerse más durante el sexo. Una investigación canadiense descubrió que, al concentrarse en las imágenes, sonidos y sensaciones del sexo, el deseo de las mujeres se acrecienta.

 

5 Alineación coital

En esta posición el hombre se hace para delante de modo que presione la base del pene contra el clítoris, facilitando el orgasmo de ella.

 

6 Besos y caricias

Pero sin sexo. De acuerdo con el Instituto Kinsey, las mujeres piensan que cuando un hombre besa es porque busca sexo. Quitar la presión de este prejuicio se traduce en una mayor satisfacción en la relación.

 

7 Algo nuevo

La novedad dispara las hormonas en el cerebro, del mismo modo que se liberan cuando uno se enamora. Fuente: un estudio de SUNY Stony Brook.

 

8 Labores juntos

Las mujeres llevan la carga de las labores domésticas. Pero opinan que es excitante cuando un hombre ayuda en el trabajo de casa.

 

9 Múltiples labores en la cama

Una encuesta de la Universidad de Indiana descubrió que hacer al menos cinco actividades sexuales durante una sesión funciona como una poderosa predicción del orgasmo. Eso significa que: o pasan más tiempo teniendo sexo o que la variedad es excitante. Nuestra opinión: Investígalo.

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