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Que no se te vayan los tiros

Que no se te vayan los tiros
"Ya me harté de tener que decir que no importa cada vez que tenemos relaciones. ¡Sí importa! Es tu problema, no el mío. Y si no lo solucionas pronto, te regreso el anillo".
FOTO:Archivo Men`s Health
POR: Dr. Ian Kerner y Giliane Magloire
FECHA:2012-11-12
La eyaculación precoz no necesariamente significa un final prematuro de tu vida sexual. Utiliza estas estrategias y pronto podrás seguir horas y horas...

A final de cuentas, fue la técnica "alto-sigue" lo que hartó a mi novia Cecilia: Con tantos alto y tan pocos sigue, sin mencionar mi tremenda lista de instrucciones: "más lento, sí, así, sigue, un poco más rápido, sí, no, detente, ¡dije detente!". Hasta que finalmente, explotó: "¡Dios mío! ¿Estamos haciendo el amor o estacionando un auto?".

Mientras Cecilia salía de la cama y empezaba a vestirse, le supliqué: "Espérate... no puedes levantarte e irte así como así...". "¿Por qué no? Eso es lo que tú haces cada vez que tenemos sexo", dijo. Me levanté y empecé a gritar alguna estupidez acerca de que había durado dos segundos más que el mes pasado. Ella contestó algo acerca de que seguramente cuando ella llegara a la menopausia podríamos durar un minuto haciéndolo. "Ya me harté de tener que decir que no importa cada vez que tenemos relaciones. ¡Sí importa! Es tu problema, no el mío. Y si no lo solucionas pronto, te regreso el anillo".

Uno de los principales factores de la formación de mi carácter fue sin duda alguna, la eyaculación precoz (EP). Cuando alguien me pregunta por qué estudié Sexología Clínica y me convertí en terapeuta, siempre le digo que se debe a mi lucha contra la EP y a tantos años de desesperación. Todavía recuerdo cuando mi novia de la preparatoria empezó a tomar la píldora. Estaba aterrado. Hasta entonces, los condones llenos de lidocaína (un anestésico que me impedía sentir el pene) eran mi táctica de defensa. El sexo no era placentero, pero al menos no era humillante. Sin embargo, no sabía si podría lograrlo solo. La primera vez que hicimos el amor sin protección, me sentí abrumado por las nuevas sensaciones: el resbaloso calor, la humedad dentro de ella. Se sentía tan bien que quería disfrutar al máximo la experiencia, pero era más fuerte que yo. En cuanto empecé a moverme, explotó el volcán. Y ahí, acostado encima de ella, vencido y acabado, me eché a llorar.

Quería hacer el amor como un hombre, pero era como un niño, incapaz de controlar mis funciones corporales. Consideraba que la EP era mi trágica derrota y creí que estaba maldito con un pene de Aquiles.

Ahora, sé que no estoy solo. Cada vez que veo un comercial del Viagra o de sus competidores, me enojo: ¿Por qué nunca hablan de EP? Según el urólogo Andrew McCullough, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, y el Dr. James Barada, del Colegio de Medicina de Albany, la EP es el principal problema sexual que afecta a los hombres, y es tres veces más común que la disfunción eréctil (DE). Los estimados varían, pero entre un 20% y un 30% de los hombres sufren de EP y son cifras basadas en estudios de respuestas independientes. ¿Qué dicen las mujeres? Casi dos terceras partes han tenido relaciones con un hombre con EP, de acuerdo con una encuesta realizada en conjunto por las revistas Men`s Health y Cosmopolitan. La EP puede atacar a cualquier edad y afecta a todos los hombres en alguna etapa de su vida. Los médicos McCullough y Barada realizaron una encuesta a más de 1,000 hombres con EP y encontraron que los encuestados reportan menos satisfacción y más ansiedad en sus relaciones sexuales.

¿Pero qué pasaría si la EP no fuera una maldición, sino sólo "la supervivencia del más rápido"? De acuerdo con el Dr. Mark Jeffrey Noble, asesor del Instituto Urológico Glickman de la Clínica Cleveland, "podemos encontrarle un sentido lógico desde un punto de vista evolutivo a la idea de que los hombres que pueden eyacular más rápido tendrían más posibilidades de fertilizar a una mujer que aquellos que requieren de mucha estimulación para alcanzar el clímax". En ese sentido, tal vez la EP no es una disfunción, sino una manera completamente normal de funcionar, basada en la fisiología del hombre. Por eso debemos de dejar de decirle eyaculación "precoz" y ponerle un nuevo nombre más preciso, como "eyaculación inmadura". Porque, tal vez, eso es: una manera inmadura de hacer las cosas que viene de la forma en que nos enseñaron, o más bien de cómo no nos enseñaron, a masturbarnos en la infancia.

La mayoría de los adolescentes, por temor a ser descubiertos, se masturban furtiva y rápidamente, explotando de manera involuntaria y codificando simultáneamente su inclinación natural a lograr rápidamente la gratificación. Los levantadores de pesas hablan de la "memoria muscular". Yo pienso que los eyaculadores prematuros sufren de "memoria fálica". Por eso, no es sorprendente que el investigador Alfred Kinsey haya hecho la observación en su libro Comportamiento sexual de los machos humanos de que el hombre común puede aguantar sólo dos minutos la penetración con movimiento (sin embargo, las lectoras de Cosmopolitan dicen que el hombre promedio dura entre 10 y 15 minutos). Nos hemos entrenado a nosotros mismos para eyacular rápido y tenemos que volver a aprender el proceso de la respuesta sexual para poder durar más tiempo.

Al principio lidiaba con la EP de la manera usual: masturbándome antes de ir a una cita (ayuda, pero con la edad pierde efectividad, porque requieres de más tiempo de recuperación); tomando cerveza; poniéndome dos o hasta tres condones. Incluso intenté retrasar el orgasmo distrayéndome con estadísticas deportivas o imágenes de gente muerta, y déjame decirte que pensar en cadáveres durante el sexo mata efectivamente la pasión.

Más adelante empecé a utilizar remedios naturistas, ungu?entos tópicos y cremas milagrosas. En una ocasión, mis pequeños experimentos me provocaron una quemadura por ácido en el pene. En otro fallido intento, quise probar el método de Errol Flynn: una pizca de cocaína en la punta del pene. El ídolo clásico alguna vez dijo que esto ayudaba si "disparabas rápido". Pero a mí no me funcionó, y supongo que a él tampoco.

El día que Cecilia se fue a Hong Kong, dándome un plazo de tres semanas para componerme o adiós, me deprimí mucho. En un intento desesperado por mantener ese anillo en su dedo, probé todo tipo de terapias radicales. Primero el tratamiento por medio de biofeedback, que podría traducirse por "biorretroalimentación", en el que me insertaron un electrodo en donde no quería que lo hicieran, y se me pidió que hiciera algo que de niño me decían podía causar ceguera a los adolescentes; luego casetes de autohipnosis que me ponían en un estado de trance profundo con sus sonidos de agua corriendo y deteniéndose que me hacían despertar bañado en orina; y una sesión con un "especialista en masturbación" alemán que observaba y criticaba mis métodos de autoplacer, mientras me daba órdenes como: "alto, empieza, aprieta; alto, empieza, aprieta". Cuando regresó Cecilia, yo estaba completamente confundido y temeroso. No sabía si venía o me iba. O, para ser todavía más preciso, si me iba a venir e irme después de tener relaciones con ella.

Cuando se metió a la cama, recién bañada, desnuda y sexy, me puse tan nervioso que no sólo eyaculé prematuramente, sino que lo hice espontáneamente.

Como era de esperarse, mantuvo su palabra y me dejó. No te sientas mal por mí. Yo no lo hago (o por lo menos, ya no). De acuerdo con una encuesta realizada por Men`s Health, menos del 10% de las mujeres dicen que han dejado a un hombre por tener este problema.

Al poco tiempo de haber terminado, empecé a trabajar con un excelente terapeuta sexual. Superé la EP en unos cuantos meses. Me transformé y me inspiré de tal manera que decidí cambiar de carrera y seguir ese camino. Hoy sigo aprendiendo de la EP, que es exactamente lo que aconseja la Dra. Helen Singer Kaplan (q.e.p.d.), terapeuta sexual, en su libro ¿Cómo superar la eyaculación precoz?, que sigue siendo considerada la mejor guía para vencer a la EP. Mi lucha, además de llevarme a la pasión de mi vida (escribir acerca de sexo y ayudar a otros con la terapia sexual), me llevó a encontrar el amor de mi vida: mi esposa Karla. Mi corta historia finalmente encontró un final feliz.

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