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La gran pregunta, ¿deberías hacerla?

La gran pregunta, ¿deberías hacerla?
"Si permanecer casado significa pelear constantemente, desde el punto de vista de la salud, es mejor que te separes".
FOTO:Getty Images
POR: Redacción
FECHA:2012-12-10
Hacemos a un lado el romance y nos basamos en las matemáticas y la ciencia para decirte cuándo es el momento indicado para pedir matrimonio.

Tennyson alguna vez dijo: "Es mejor haber amado y perdido, que nunca haber amado." Estas palabras parecen conmovedoras y profundas, pero la verdad es que "Lord Alfred" no era doctor ni matemático. A mediados del siglo XIX, mientras Tennyson le añadía los toques finales a su famoso lamento, un epidemiólogo británico llamado William Carr hacía su propia investigación acerca de los méritos estadísticos de lo que llamó "condición conyugal". Descubrió que estar casado brinda varias ventajas para sobrevivir. Se demostró que los solteros morían "en proporción excesiva" comparados con quienes caminaron por el pasillo hacia el altar. Pero ser viudo (la viudez, en sí) era más letal. Sus cifras lo dejaron claro. La conclusión de los científicos: mejor amar que no amar, mientras tu amado no se vaya antes que tú.

Tennyson no se lamentaba precisamente por la pérdida de una esposa, sino de un amigo. Aún así, sirve para ilustrar un punto: cuando hablamos de compromiso, toda racionalidad y respeto por el empirismo se va por la ventana. Nuestro enfoque del matrimonio no sólo es anticuado, está muy lejos de ser evolucionista. Actuamos por impulsos y emociones transitorias (algunos lo definen como amor) cuando probablemente deberíamos preguntarle al otro por su currículum y referencias. Romántico o no, estos son asuntos que requieren consideración. Cuando compramos un auto, por ejemplo, es necesario estudiar la historia de los servicios del vehículo, leer los resultados de los exámenes de seguridad, confiabilidad, y revisar los precios, por supuesto. Usar un criterio similar cuando escogemos una pareja, inevitablemente nos llevará a no encontrar a nadie, y tiene sentido. Después de todo, a menos que carezcas totalmente de sentimientos, es poco probable que pienses que un vehículo pueda tener las mismas implicaciones económicas o de salud en tu vida, en comparación con las que tendría una esposa.

 

El matrimonio te puede mantener vivo por tres años extra

Echemos un vistazo rápido a la evidencia científica actual por y en contra del matrimonio. A simple vista parece pan comido: estudios suecos nos muestran que estar casado significa que eres menos propenso a sufrir demencia. Al mismo tiempo, los hombres con anillo en la mano tienen menos probabilidades de morir por homicidio, accidentes automovilísticos y cáncer. Si quieres un ejemplo de esto, sólo necesitas mirar tan lejos como lo hizo la Universidad de Warwick, en Inglaterra. Una investigación de ahí logró colocar el valor material de un matrimonio feliz como el equivalente a un ingreso anual de 90,000 dólares, o, en términos de salud, un aumento en el bienestar a la par del impacto que tiene el dejar de fumar. En otras palabras, puedes engañar a la muerte, duplicar tu salario y mejorar drásticamente tu figura en el tiempo que te toma ponerte un anillo.

 

En la salud y en la enfermedad

Si todo esto suena demasiado enigmático, más observaciones de los trabajos realizados en este campo hacen poco para contradecir los fantásticos titulares. En términos de longevidad, el economista Andrew Oswald se congratula de ser muy específico. "El matrimonio te mantiene vivo por unos tres años extra", dice, "incluso teniendo en cuenta otros factores de riesgo". Señala un extenso experimento en el cual 20 mil funcionarios del sexo masculinos fueron evaluados por un periodo de 20 años: "al final de ese tiempo, 14 de cada mil hombres casados murieron, comparado con 21 viudos, 17 solteros, y 21 separados del grupo muestra". La investigación reveló una cantidad alta de incidentes de enfermedades cardiovasculares y presión alta en la sangre de quienes no se casaron. Esto, dice Oswald, puede ser porque las personas casadas tienden a fumar menos y comer más sano. "En otras palabras, si necesitas dejar de fumar", dice, "asegúrate de contraer matrimonio."

 

Consumo compartido

Un equipo de investigadores del equipo de la Universidad de Medicina de Ohio, en Estados Unidos, conformado por los esposos Ronald Glaser y Jan Kiecolt-Glaser en 2001 comenzó a investigar sobre los efectos del estrés en la salud. Primero, descubrieron que los estudiantes que estaban nerviosos un poco antes de comenzar un examen, mostraron una debilitación palpable en su sistema inmunitario, debido a una reducción significativa en los glóbulos blancos de la sangre. Después de obtener estos resultados, realizaron estudios similares en un grupo de mujeres casadas, separadas o divorciadas. Las conclusiones fueron persistentes con las del experimento inicial: las mujeres que no eran felices en su matrimonio o que aún se encontraban enfurecidas con sus ex parejas manifestaron sistemas inmunológicos débiles. Los resultados de Kiecolt-Glaser fueron indudables: "Si permanecer casado significa pelear constantemente, desde el punto de vista de la salud, es mejor que te separes." El hecho es que estar casado sólo es bueno si un matrimonio es feliz. Pero ¿será que la recompensa de una larga y satisfactoria vida supera el riesgo de vivir todos los días con el estrés de las discusiones, hasta que la muerte los separe?

 

La evolución del matrimonio

Una cosa con la cual los políticos parecen estar de acuerdo es que el matrimonio es una institución social positiva. Pero de acuerdo con los últimos sucesos, el pensamiento de que la recompensa no vale los bajones ocasionales, ha incrementado en nosotros. La tasa de matrimonios ha disminuido bastante. En los últimos 30 años, el número anual de matrimonios se ha reducido a un tercio. Por primera vez, los hogares de parejas casadas son una minoría en Europa y Estados Unidos: 45 por ciento debajo del 54% de 1996. Los especialistas en estadística predicen que dentro de los próximos cinco años la mayoría de bebés nacerán de padres no casados. Aún más curioso es que la tasa de divorcios está por debajo de los 29 años, aunque los expertos atribuyen esto a que esa no es la edad promedio para contraer nupcias.

Tal vez la observación más interesante de la condición conyugal moderna -relacionada al pensamiento de William Carr-, proviene de Justin Wolfers y Betsey Stevenson de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania. Son compañeros (de cama) economistas (no están casados, así es que interprétalo como quieras), y su teoría clave es que muchas de la razones históricas para el matrimonio han caducado. Como hombre moderno de un mundo moderno, ya no requieres del mismo tipo viejo de apoyo que la institución del matrimonio suele brindar tradicionalmente. Antes de que los programas sociales del Estado y las instituciones de crédito aparecieran, "la familia era la clave proveedora del seguro [y] del acceso al capital, que frecuentemente era facilitado por los lazos familiares", explican Wolfers y Stevenson. Fue en el momento en que esos huecos comenzaron a ser llenados por otras entidades, que la dinámica del matrimonio comenzó a cambiar de forma definitiva.

"Mientras que la emancipación política de las mujeres es con seguridad un factor clave en su movimiento de la casa al mercado laboral, las fuerzas económicas más grandes también entran en juego. Los servicios que anteriormente eran producidos en el hogar ahora son libremente negociables... Con ropa barata disponible, tiene más sentido que las mujeres ganen dinero para comprar prendas que sentarse en casa a confeccionarlas ellas mismas. Otras innovaciones han permitido a la tecnología sustituir la labor doméstica especializada. Las máquinas que lavan platos y las lavadoras han hecho el trabajo de casa tan fácil que hasta un esposo inexperto puede hacerlo." La conclusión a la que llegaron Wolfers y Stevenson se reduce a una sola idea: debes considerar como chatarra el modelo antiguo del matrimonio, donde tú haces tus labores y la esposa se aplica con la suyas. La economía recompensa las uniones basadas en intereses compartidos; o para utilizar la jerga de los economistas, en "consumo" compartido en vez de "producción" compartida. Por supuesto, es probable que ninguna pareja feliz haya pensado las cosas en estos términos económicos. Seguro no necesitas a un economista para saber cuando has encontrado un amor que comparte contigo el gusto por cosas como la comida Italiana y los filmes franceses. Generalmente, eso basta para comenzar una relación. Una receta exitosa para una vida próspera es encontrar a alguien a quien le gusten las mismas cosas que a ti, casarse y luego ver una película de Godard o Truffaut, comiendo espagueti cuando las cosas se pongan difíciles. Pero no es tan simple. Como ha aclarado la académica de la Universidad de Washington, experta en el matrimonio, Stephanie Coontz, el matrimonio dinámico de la generación de nuestros padres y abuelos se extendía más allá de la cama marital, y tenía el aseguramiento al que Wolfers y Stevenson se refieren: estaba reforzado por una red cercana de parientes y vecinos. Si hay un desequilibrio entre el trabajo y la vida, el resultado será una disminución de esas influencias que generalmente ejercían una presión positiva y sostenible para la esposa. De hecho, Coontz argumenta que, para que el matrimonio funcione en el mundo moderno, necesitas invertir más tiempo en relaciones y actividades fuera del equipo de dos. "Precisamente porque ahora, culturalmente, nos casamos por amor, y no puedes esperar que sólo el amor sostenga la relación", dice Coontz. "En el pasado nunca fue así. Hoy en día, cuando un matrimonio funciona, es más plena la felicidad que lo que fue en cualquier otro momento de la historia. Pero cuando es malo, también es mucho más insoportable."

 

¿Decirlo o no decirlo?

Así que, ¿dónde te deja todo esto? Las estadísticas ponen al desnudo la caída de la popularidad del matrimonio. Por otra parte, con las tasas de divorcio de un país como el Reino Unido (por ejemplo) en fechas tan recientes como 2003, es posible suponer que la mayoría de nosotros hayamos visto suficientes efectos perjudiciales de los matrimonios como para considerar la posibilidad de darnos la oportunidad de vivirlos. Pero los beneficios de casarte, vale la pena repetirlo, incrementan el bienestar físico y mental de los participantes, alargan la vida, reducen los riesgos de enfermedades cardiovasculares, cáncer, choques automovilísticos e incluso asesinatos. Si tu balanza se inclina hacia la compra de un diamante, tanto si es esta noche o si piensas entregarlo en una velada romántica el 14 de este mes, o dentro de muchos años, considera esto: si estás seguro de que su amor compartido por las piñas coladas y quedar atrapados bajo la lluvia supera su confianza en el poder adquisitivo o habilidades para cocinar de cada uno; si tienes una red fuerte de familiares y amigos que te apoya; y si confías lo suficiente como para fomentar las relaciones e intereses de cada uno fuera del matrimonio... bueno, simplemente podría ser lo mejor que has hecho en toda tu vida. De cualquier manera, si tomas ese riesgo y fallas, entonces tú mismo podrías ser el creador del tormentoso camino que te espera. Desafortunadamente, el único experto que puede responder el gran dilema eres tú.

 

Pregúntale al Economista...

Mi novia y yo no tenemos ningún interés en común, pero estamos completamente enamorados. ¿Es una buena base para pedirle matrimonio? Justin Wolfers, profesor de economía en la Universidad de Pensilvania, dice: "Sin duda has escuchado el viejo refrán los opuestos se atraen. El problema es que probablemente lo has escuchado de tus padres. Para las generaciones previas, el matrimonio se trataba de un especialización; tal vez el padre se especializaba en la mano de obra y la madre se especializaba en el hogar. Por siglos, los economistas han notado que la especialización es la clave para elevar la productividad; y el matrimonio para la generación de tus padres o abuelos tenía como principal objetivo estas ganancias en cuanto a productividad. Hoy en día, hay menos necesidad de especializarse en el hogar. En la actualidad las mujeres, son una fuerza ambiciosa en el trabajo. Tenemos más dinero, tiempo y ocio de lo que nuestros padres tuvieron. La persona correcta para ti es alguien con quien puedas disfrutar todo esto."

Mi otra mitad es perfecta y está lista para un compromiso, pero yo no. ¿Debería tragarme mis miedos o mantenerme firme y correr el riesgo de perder a esta chica que muy probablemente no volveré a encontrar? Wolfers: Para los economistas, el tema de buscar esposa es algo similar a buscar un trabajo. Si encuentras el trabajo adecuado -y no hay mejores ofertas- entonces tómalo, rápido. Pero debes ser precavido. La gente que se casa rápido tiene más probabilidades de terminar divorciándose. ¿Por qué? Bueno, ¿qué tan seguro estás de que tu pareja actual es en verdad el mejor ligue que podrás tener jamás? También necesitas saber más sobre ti mismo. Imagina que tienes que escoger la mejor comida de un bufet para celebrar tus 50 años. ¿Aún estás seguro de que estás tomando la mejor decisión para tu futuro? Si lo estás, cásate con ella. Si no, espera, aprende más sobre ti mismo, sobre ella y sobre el amplio mundo.

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