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El regreso de la erección

El regreso de la erección
Los hombres con disfunción eréctil, en promedio, tardan 13 meses para buscar ayuda.
FOTO:Getty Images
POR: Tammy Worth
FECHA:2012-12-11
Él era impotente. Ella estaba apenada y trataba de apoyarlo. Y esto llevó al mejor sexo de sus vidas. Aquí te decimos lo que debes hacer.

Estaba sentada en la cama totalmente desnuda. Y todo lo que podía pensar era ¿qué hice mal?, ¿fui demasiado agresiva?, ¿mi cadera es muy grande o mis senos pequeños? Esto no era lo que esperaba a la hora del sexo... Por un tiempo John, un atleta alto y guapo, y yo coqueteamos con la idea de disfrutar un poco del sexo. Así que esa noche, después de un par de copas de vino, ya estaba dispuesta a darlo todo. El comienzo fue excelente, un preludio sensacional. Él recorrió todo mi cuerpo con sus manos; se veía que tenía experiencia porque no hubo titubeos. John fue especialmente cuidadoso de apegarse al dicho de "Primero las damas", lo que a mí me parece perfecto. Y era la hora de la penetración. O eso creíamos. Algo pasó entre el momento en que entramos a mi habitación -cuando ya se sentía el paquete en sus pantalones- y el instante en que -ejem- entró en mí. Lo que sucedió es que ya no estaba duro. Pensé que tal vez se había puesto nervioso, así que me decidí por un acercamiento más agresivo. Lo besé y toqué cada centímetro de su cuerpo, pero aún así, no ocurrió nada. Me sentí frustrada, esperando que mi cuerpo desnudo y ansioso fuera suficiente. Brinqué encima de él. Podía sentir la forma en que su cuerpo me respondía, sus músculos se ponían rígidos de placer y él me acarició de arriba hacia abajo. Pero su pene seguía blando.

Apenado, empezó a dar todo tipo de excusas. Pero lo que sí me aseguró es que ello no tenía nada que ver conmigo y, después, amablemente, me preguntó si había disfrutado mi orgasmo.

 

Nunca me había topado frente a frente con la disfunción eréctil (DE) y me sentí mortificada. El no ser capaz de satisfacer al hombre que quiero resultó devastador para mi ego. Tenía un millón de preguntas para hacerle. ¿Había sucedido esto antes?, ¿qué es lo que debía mejorar? En ese momento me di cuenta de lo que sienten los hombres cuando no logran que su pareja alcance el orgasmo. ¡Es horrible!

 

A menudo, las mujeres piensan que la erección del pene es un reflejo, que es involuntaria y que el hombre siempre está listo para el sexo. Por ello, después de lo ocurrido pensé que la culpable era yo. "Se ha comprobado que hasta 80 por ciento de las mujeres se siente responsable de la DE de su compañero", explica Claudia Rampazzo, integrante del Female Advisory Board de Levitra y conductora del programa Simplemente sexo, para el canal Discovery Home and Health. "Por lo general pensamos que estamos haciendo las cosas mal, que ya no le gustamos, que andan con otra persona o cambió de orientación sexual". Cuando esto sucede, advierten los científicos, el sexo se convierte en un elemento estresante para ambas partes. Como resultado, las parejas evitan el tema y el acto, por completo.

Pero mi relación con John era reciente. Yo no estaba dispuesta a formar parte de las masas sin sexo, así que fui persistente. John conseguía una erección y alcanzaba el orgasmo. Pero usualmente no lo lograba. Tiempo después me enteré que la DE puede ser así de selectiva. Puede ser crónica o fugaz. "Se considera DE cuando el hombre tiene problemas para generar una erección mediante el estímulo erótico o cuando su firmeza no es suficiente para tener una relación sexual satisfactoria", añade Rampazzo.

De acuerdo con el psiquiatra Bill Callahan, especializado en terapia de hombres y parejas, nos dice: "Casi todos los hombres al menos una o dos veces no han logrado una erección, lo cual les resulta traumatizante, por lo cual prefieren callar su problema". Desafortunadamente, las mujeres titubean tanto como los hombres para tocar este tema. Pero los expertos descubrieron que, cuando la DE motiva a las mujeres a que mejoren la comunicación sexual, ellas son capaces de trabajar con él para superar este problema.

 

Mi relación con John estaba en la fase "Luna de miel", pero él se mostraba renuente a confrontar el tema, y comencé a bromear con que lo nuestro era como un servicio de acompañantes o escorts, en que él me atendía a cambio de "nada". John evitaba el tema, seguido me preguntaba qué opinaba de nuestra relación, pero evitaba hablar del sexo. De acuerdo con la doctora Rampazzo, los hombres tardan en promedio 13 meses en buscar ayuda con un médico, lo cual permite que la DE avance.

Hablar de sexo puede ser engañoso para cualquier pareja pero, particularmente, la DE es un campo minado. Pero yo sabía que tendríamos que dedicarle tiempo o perderíamos el placer que nos quedaba. Así que decidí comentarle a John que me sentía incompleta, que no quería continuar siendo la única divirtiéndose. Su respuesta me tomó por sorpresa. Me dijo que nunca había tenido DE conmigo: y entonces me confesó que estaba tomando antidepresivos. Como periodista especializada en cuestiones de salud, yo ya sabía que los antidepresivos pueden inhibir la libido. Una vez que entendí la posible razón del problema de John, comprendía que nuestra vida "entre sábanas" sería errática. Pero aún queríamos algún tipo de conexión sexual. Así que nos enfocamos en el juego previo. Él se dedicaba a complacerme, y yo hacía de todo con tal de hacerlo sentir bien. Realmente aprendimos a disfrutar nuestra intimidad.

Según el doctor Callahan, "hay tantas maneras de divertirse y excitarse sin necesidad de tener coito. Yo le digo a las parejas que enfrentan la DE que tienen la oportunidad de recordar cuando la imposibilidad de tener sexo resultaba erótica". Él incluso les prohíbe que lleguen hasta el orgasmo por unas semanas, de modo que puedan aprender modos de estimulación no-genital. Así, aprenden a concentrarse en el placer y no en el desempeño, para después aplicar este principio en el coito.

Conocer bien el cuerpo de la pareja nos convierte en mejores comunicadores dentro y fuera de la habitación. John aprendió a leer mi lenguaje corporal tan bien que podía anticipar mis necesidades. Y tal vez lo más importante es que dejamos de ver el orgasmo como si fuera la línea de meta.

 

Eventualmente la vida de John se estabilizó, y dejó los antidepresivos. Para entonces él y yo habíamos entrado en una rutina cómoda de preludio extendido. Seguíamos platicando, acariciándonos y rara vez nos íbamos directo al sexo. Los "rapidines" eran sexys y espontáneos, pero explorar, memorizar y contar con el cuerpo del otro nos mantuvo unidos como pareja. Nos entusiasmamos más el uno al otro.

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