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Recupera la voz en tu relación

POR: Elsy Reyes
FECHA:2012-12-17
Cada vez son más hombres quienes asumen que se transformaron en lo que su pareja quería que fueran. Descubre cómo sucede y cómo lograr equilibrio.

¿Cómo llegaste aquí? Las simplicidades del día a día son las más poderosas generadoras o deformadoras de las relaciones personales. Quizá cuando comenzaste tu relación ambos tenían un proyecto de vida, afín pero independiente. Al paso del tiempo, con las necesidades, la adaptación, los hijos, los imprevistos, fueron descartando ciertos aspectos. Es probable que hayas dado un giro a tu carrera, no porque fuera lo que más deseabas, sino porque era el que les permitiría tener la calidad de vida esperada. Tampoco te veías tomando las decisiones actuales. Pero fue así por el bien común.

O sea, aclaremos, no es el caso de guiñapos de mujeres caprichosas y autoritarias que los han suprimido hasta convertirlos en su mascota proveedora, sino de hombres que en un afán de proveer, empatizar o concordar han permitido que su voz o necesidades personales salgan sobrando. Según el psicólogo evolutivo David Bass, "la necesidad masculina de proveer es un asunto de evolución como especie y pudo reforzarse con conceptos culturales o sociales". Este patrón de proveedor suele apoderarse de tus decisiones. La pregunta es ¿dichas decisiones fueron tuyas o "sugeridas"? (Aquí, la sugerencia puede resultar de una orden sutil o una súplica controladora.)

Óscar, arquitecto de 36 años, comenta: "Hace casi un año me separé de mi mujer. Terminamos porque tuve una aventura con una chica de mi oficina. Me hice responsable y lo asumí sin buscar pretexto alguno como la mayoría lo hace. Cuando me enfrenté a la necesidad de rediseñar mi vida, me di cuenta que yo era, en 80 por ciento, lo que ella me enseñó. Parecía un hombre exitoso, la "cabeza" de mi familia, pero en el fondo era otro hijo de mi ex mujer. Vivía en dónde, cómo y de la manera en que ella sutilmente sugirió y decidió. Nunca lo noté hasta que tuve que hacerlo por mi lado. Observé que desde que estábamos enamorados, por darle gusto o porque parecía que su opinión era más sabia, establecimos nuestra vida a su modo y eso se convirtió en una especie de dinámica estricta".

He aquí el primer punto. Ella no es el enemigo. No caigas en la misoginia. La creación de tu realidad es total responsabilidad tuya. Tu mujer también pensó en ese bien común. Pero dado que aún no comprendemos lo que es la equidad, las parejas continúan creyendo que "ser pareja" significa cancelar sus identidades. Entonces resulta complejo equilibrar, detectar cuando tus decisiones están encaminadas por tu concepto de bienestar o el que otros -en este caso, ella- te han "vendido" como lo mejor para ti y para quienes te rodean.

 

Darse o sacrificarse

Vivimos pensando que todo se logra con base en sacrificios. Esta es la primera gran mentira, misma que nos impide sabernos merecedores; de tener conciencia de merecimiento, dotados de voluntad para decidir quiénes queremos ser. La mayoría absorbemos patrones desde la infancia en la que nos advertían que tener algo o ser alguien era complejo. Muchos padres suelen provocar culpa en sus hijos por lo mucho que se esfuerzan por ellos. Entonces, como la mayoría, aprendiste que el sacrificio a costa incluso de la identidad era necesario para ser amado, y para funcionar en esta sociedad.

Dar es una decisión basada en la confianza, pero sobre todo en el respeto hacia nuestro valor personal. La autoestima, la percepción de valía de nosotros mismos debe ser la guía. El dar no debe comprometer tu valía o tu autopercepción, porque entonces se convierte en un sacrificio. No te sugerimos que te conviertas en un egoísta. Todos, en cualquier ámbito, hemos tenido que adaptarnos, permutar ciertas metas o propósitos y, claro, en ocasiones éstas nos llevaron a encontrar lo que en realidad nos hace felices o para lo que en verdad somos buenos. Pero es común que algunos de esos giros hayan sido promovidos por la idea de que el bienestar de otros debe ser el tuyo. La clave es identificar cada caso. Porque el amor, el adquirir responsabilidades o la creencia de que ?así debe ser", nos pueden confundir.

 

La cruda verdad

Ya tienes una primera guía. ¿Eres feliz con las decisiones que tomaste de manera individual y estás consciente de aquellas que "compraste"? ¿Diste o te sacrificaste? ¿Tomaste en cuenta tus necesidades, las expresaste y llegaste a acuerdos?

En esta lucha por mediar la balanza entre tú y tu pareja, la opción más viable (y menos dolorosa para ti) es culpar. Claro, a ella. Pero ten mucho cuidado. Es fácil decir "dejé mis sueños por mi familia" cuando en el fondo fue por miedo a atreverte. ¿Qué fue? ¿Decisión individual consciente o comprada?

Bernardo, de 34 años, dice "en una pelea con mi novia, por algo ajeno al tema, me dijo egoísta y terminé diciéndole que por su culpa yo estaba metido en un despacho que aborrezco (para poder comprar la casa que ella quería) y que nunca puse mi negocio porque a ella le parecía arriesgado. Me contestó un simple: "No te hagas tonto, si sigues ahí es porque tienes pánico de darte cuenta de lo buen diseñador que eres. ¿Necesitas que yo te dé permiso? Hazlo". Me dejó helado. Me costó aceptarlo, pero es la verdad.

Diana Plenn, terapeuta sexual y de pareja, asevera: "Escucho constantemente de mis pacientes, ya sea en terapia de pareja o posterior a un rompimiento, constantes quejas con respecto a haberse convertido en "el esposo de tal persona o de tal mujer", de haber dejado sus sueños por ella. Mi pregunta siempre es: "¿Cómo le hizo para obligarte?". Como humanos, hay una enorme incapacidad para aceptar que somos dueños (y completamente responsables) de nuestras propias decisiones".

Podrías decir que el miedo a perder a quien amas o amabas fue el detonante. Pero asume que cuando estamos enamorados nos sentimos ávidos de dar, de entregar y complacer. Si nos perdemos de vista, cuando la relación evoluciona, podemos advertir que mucho de lo que hicimos no era lo que deseábamos. "Entonces, culpamos. En especial, tras un rompimiento o cuando la relación se complica porque estamos heridos y nos sentimos perdidos en busca de una reconciliación con nosotros. Y un paliativo tramposo es el de cargarle la responsabilidad al otro", añade Plenn.

La reconciliación contigo mismo comienza cuando te haces responsable de cada una de las dádivas o sacrificios que hiciste, motivado por el amor, la presión o la obligación. Y, sobre todo, cuando comienzas a escucharte y a oír a tu pareja sin perderte de vista. Te decimos cómo empezar.

 

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Utiliza las herramientas que fomentan que te responsabilices dentro de la relación.

 

La diferencia entre delegar y perder voz

Hay otra trampa que quizá no hayas detectado en tu relación sentimental. Un buen medidor de ello son los hijos o la toma de decisiones que interesan a los dos. En ocasiones, en una búsqueda de "dividir la carga" o delegar, termina por ganarte la pereza y te desconectas. Por ejemplo, estás demasiado "ocupado" para involucrarte en el desarrollo escolar de tus hijos o del colegio al que deben ir. O hasta para opinar sobre el lugar al que deben ir de vacaciones. Entonces, al no integrarte, se asume que solo dirás que sí, y extenderás el cheque correspondiente. Un día, de pronto, quieres ir en contra, y puede resultar tan sorpresivo que ni siquiera te den voz. Te sientes manipulado o invisible, pero en realidad tú decidiste regalar tu voz porque no participaste de inicio.

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Interésate La única manera válida de opinar sobre cualquier tema es teniendo conocimiento de sus variables.

Autoridad No significa tener la posición. Es un derecho, un poder de influencia que se gana con el tiempo.

 

La peligrosa comodidad

Por otro lado, es cómodo, que otros nos "guíen", en especial la pareja. Porque además nos sentimos tan arropados y acompañados. Al grado que tu mujer puede intentar controlar hasta dónde y cómo debes guardar tus calcetines. Rodolfo, químico, dice: "un día mi padre, un hombre de 64 años, explotó. Tenía una simple discusión con mi madre sobre cómo él debía darle el término a la carne en una parrillada en su jardín. Ella insistía en que su modo era el mejor. Salió furioso y lo seguí. Terminamos en un bar donde me dio una enorme lección, dijo: Tu madre es la persona que más amo y que mejor me cuida, al grado de hacerme olvidar que también tengo que cuidarme. Que yo no soy su responsabilidad, soy la mía. El asunto no es cómo ella creía que debía cocer la carne, sino que cree que ella sabe cómo debe hacerlo todo. Si pudiera estar en la oficina con él también le diría cómo trabajar".

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El instinto maternal puede resultar mordaz en muchas mujeres. De pronto aviva su ímpetu controlador y -con base en el amor y el cuidado- puede convertirlas en madre de su pareja. Detecta cuando tu mujer esté (por tu bien) tratando de controlar cada uno de tus pasos. En tanto no se trate de un asunto de salud que te niegas a atender, una adicción o un asunto que estás imposibilitado de asumir, hazte cargo por ti mismo. Hazle ver que no eres su hijo, que eres responsable. ¿Cómo? Dejando de ser tan comodino.

 

Escuchen

"Escanea" tu realidad. Si notas que vas con la corriente guiada por tu mujer y esto te confunde sobre tu verdadero valor, comienza por escucharte. Pocas veces te das el tiempo para preguntarte cómo estás y hacia dónde llevas tu vida. Qué parte del rumbo que has tomado te satisface; qué parte, no. Y díselo. Y escucha su opinión teniendo claro qué es lo que quieres.

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Recuerda: responsabilidad propia. Si empiezas por plantear tus necesidades comenzando con "lo hice por ti o porque tú me dijiste", ya perdiste. z

No te victimices. No eres San Sacrificios, tú lo decidiste. ¿Quieres cambiarlo? Ofrece opciones, no asignes culpas.

Contundencia. No puedes decir cosas vagas como "No sé qué es, pero no me hace feliz esto".

Aprende a escucharla. Detecta en qué momento su concepto de bien común es el que compartes y qué partes de su opinión debes o no "comprar". Si no estás de acuerdo, exprésalo -nuevamente- sin culpar ni victimizarte o adjetivarla negativamente. Tampoco trates de mostrarte como un macho a la antigua entre gritos e ínfulas de imperialista.

Comienza tu conversación afirmando: "Estoy listo para tomar esta decisión y voy a hacer esto". Así de simple.

Deja claro que estás en un proceso de modificación (con otras palabras, claro). Y que requieres de su apoyo. Tú también estás abierto a escuchar qué es lo que ella cree que perdió en su dirección. Sé objetivo, ella también ha dado y sacrificado.

Hazle saber que estás dispuesto a colaborar.

 

Del debate al control

Con seguridad, las veces que has expuesto inconformidad sobre algo que "se decidió" sin tu opinión, han terminado en pleito y no han llegado al menor acuerdo: en cuanto se les pasa la furia todo retorna a su lugar. El plan es debatir. Reacomoden sus dinámicas de discusión. Cuando intentas imponer tu voluntad lo único que te empuja es tu necesidad de control. No es una guerra, no estás pasando de nivel en un videojuego bélico: es tu diseño de realidad. Dejen a un lado el control. Ella ya se acostumbró a la lucha de poderes. O quizás aprendió, como tú, que la única manera de ganar es sometiendo. Por lo tanto se pone a la defensiva ante la mínima discrepancia.

Aplícate

Evita la lucha de poderes. Busca la equidad. No se trata de ver quién es más fuerte o quién tiene la última palabra, sino de dirigirse ambos a un mismo punto, a través de una negociación. No se manipulen, utilizar las emociones para lograr que el otro actúe u opine lo mismo (aunque sea de manera sutil) es lo más sucio.

Di algo como "no estoy tratando de llevarte la contra, sino de que me expliques por qué se está haciendo esto de ese modo y darte otras opciones para que encontremos el camino más ventajoso para ambos".

Ok, aceptémoslo, puede ser que ella sea manipuladora. Hay un alto porcentaje de su provecho en lo que ella vendió como el provecho de ambos. Sus medios son simples: hacerte sentir culpable o que eres un egoísta. Invoca razones que parecen tan lógicas para hacerte cumplir sus demandas, que se las "compras". Dependiendo de su capacidad para asumirlo y dejar el chantaje, podrás negociar. Suelen necesitar un "no rotundo", un límite que les aclare que esta vez no se hará su voluntad.

 

Factibilidad

Digamos que ya decidiste estructurar tu vida, consciente de tus necesidades, ya te responsabilizaste, y asumes que abandonaste ciertas cosas por encajar en el modelo de pareja. Ahora, requieres tener la cabeza fría para bosquejar tu plan de acción. Habrá muchas situaciones que puedas modificar o rescatar del olvido. Sin embargo, algunas necesitarán descartarse. Y otras requerirán ciertas adaptaciones con base en la objetividad. Por ejemplo, Luis Alberto, contador de 38 años, comenta que "recuperar lo perdido en el camino de ser esposo, pareja o papá tiene que pensarse con esta perspectiva. Yo nunca pude hacer una travesía por Sudamérica en moto con mis amigos como alguna vez me lo prometí. Un día lo recordé, pero sabía que no podía desentenderme de mi familia y mi trabajo por meses. Sin embargo no lo dejé. Ni me puse a culpar a mi mujer o a mis hijos por impedírmelo. Mejor, me uní a un motoclub y, una vez al mes, me voy un fin de semana a recorrer varios pueblos. De principio, a ella no le gustó la idea; sin embargo, le hice entender que esa es una parte que disfruto mucho de mi libertad. Y, así, ella terminó por incitarme a seguir".

Aplícate

Agradece lo mucho que ella te ha apoyado (sabes que su idea era provocar un bien), y haciéndoselo saber plantea lo que deseas recuperar, ya sea un pasatiempo, el rumbo de tu carrera o un asunto en casa, con conciencia de factibilidad.

No des por hecho las cosas. Impide dejarte caer en la trampa de culpar para maquillar el miedo. Creer que a ella no le va a parecer o que eso solo les traerá problemas es esconderte en los pretextos. Atrévete.

Don dinero. Como siempre, sobre todo cuando se trata de abandonar un trabajo que te ahoga para hacer lo que en realidad deseas (y que a ella le parece una locura, "¿cómo van a pagar las deudas?"), el gran obstáculo es la economía. Que no te frene. Haz un plan de flujo financiero, de ahorro o de "recorte" de gastos y pide apoyo de tu familia. La mayoría de las personas que nunca consiguieron sus objetivos pusieron como pretexto el dinero. Pero muchas veces no es una excusa válida. Aléjate de la zona de confort.

 

Por último, date dosis de presente. Tampoco te ensimismes enlistando lo que no tienes o lo que ya no lograste por haber perdido tu voz. Lo único que tienes es este momento, mismo que te permitirá crear la realidad subsecuente que ahora sabes que mereces.

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